Llega el buen tiempo y nos encanta lucir moreno, pero con cuidado, que el sol deja huella.  Y no me refiero al bonito color que presenta nuestra epidermis, sino a las manchas en la piel que el tiempo de exposición solar nos regala.

Las manchas en la piel son alteraciones en la uniformidad del color de una determinada zona de la misma. Aunque pueden existir manchas blancas o más pálidas que la piel de alrededor, o incluso rosadas o rojizas, las manchas que motivan un mayor número de consultas en dermatólogos son las que tienen diferentes tonos de marrón. Éste color se debe habitualmente a un exceso del pigmento habitual que la piel produce para protegerse de quemaduras (y no nos olvidemos que es para proteger de que los rayos UV dañen el ADN de nuestras células), la melanina. Este exceso puede ser debido a un aumento en el número de células que lo produce (melanocitos) o, de forma más frecuente, a un aumento de la cantidad de pigmento en la zona.

shutterstock_193218575La exposición al sol influye sobre cualquier tipo de mancha en la piel, bien sea oscureciéndola de forma transitoria (pecas, lunares) o permanente (melasma, parches de piel oscura que aparecen en áreas de la cara expuestas al sol), o favoreciendo su aparición en una piel previamente sin manchas (léntigos o manchas de la edad). Por ello cualquier medida destinada a combatir o a prevenir la aparición de manchas en la piel ha de ir invariablemente asociada con medidas de protección solar.

Las manchas de la piel más frecuentes son los nevus (lunares), las efélides (las típicas pecas) y los léntigos solares. Los dos primeros tipos aparecen en la infancia/adolescencia y, salvo indicación del dermatólogo, no precisan tratamiento. El daño solar acumulado a lo largo de los años puede hacer aparecer manchas marrones en las zonas más expuestas (la cara, las manos, el escote), especialmente en personas de piel clara que no se broncean con facilidad. En ellas coexiste un exceso del pigmento normal de la piel (la melanina) junto con el depósito de algunas proteínas degradadas por la exposición solar crónica. Aunque no precisan tratamiento, está demostrado que cuando las vemos, asignamos una edad 10 años superior y una salud más precaria a la persona que las tiene (respecto de la misma imagen sin manchas).

Por ello es frecuente que los pacientes deseen eliminarlas. Para ello se pueden utilizar métodos como el láser o, cuando este no está disponible, la crioterapia (congelación con frío).

Por ello lo mejor es la prevención o evitar su reaparición una vez tratadas. Es imprescindible utilizar medidas de protección solar tal y como os hemos venido recordando en Knowi en varias entradas. Estas deben combinar el empleo de medidas-barrera (gorras o sombreros, gafas de sol), con el de cremas con filtros solares que cubran todo el espectro de la luz solar. Éstos se deben aplicar 20 a 30 minutos antes de la exposición al sol, y se deben reaplicar cada 4h para mantener el efecto protector (o antes si realizamos actividades como el baño, o que supongan fricción o sudor). Así conseguiremos una piel de apariencia uniforme, sana y bonita.