Andamos dando vueltas desde hace ya un tiempo a la oportunidad, conveniencia y bondades de los modelos de colaboración públicos y privados y mejor que entrar en discusiones reiterativas al respecto, lo que sería bueno es que echásemos una mirada a las diferencias fundamentales que presentan los sistemas sanitarios de nuestro entorno.

Fundamentalmente tenemos dos fórmulas de financiación en base a los sistemas tipo Bismark y Beveridge, una que corresponde a sistemas de seguridad social representados por Alemania, Francia, Austria, fundamentalmente y otros financiados por impuestos como pueden ser Reino Unido, España o Suecia entre otros.

En el primer caso y en relación con los contratos la relación Sistema – proveedor se consolida mediante el establecimiento de las sinergias debidas público – privadas, mientras que en el segundo caso corresponde a sistemas integrados, en los sistemas tipo seguridad social en cuanto a organización se refiere no hay en principio una planificación ni coordinación asistenciales evidentes, mientras que en los sistemas financiados por impuestos sí que existe una planificación territorial y por lo tanto se observa una coordinación más o menos estructurada.

En relación a la importancia y función de la atención primaria, en el primer caso, no es la puerta de entrada al sistema, mientras que en el segundo, como en España, sí que ejerce esa función, funcionando esta como una pieza fundamental de cribaje y selección de pacientes de cara al desarrollo de una asistencia especializada reglada.

En los sistemas tipo seguridad social el pago a los profesionales se realiza por acto médico, mientras que en aquellos que tienen basada su financiación en impuestos los empleados del sistema son o bien funcionarios públicos o bien profesionales autónomos. En el primer caso de seguridad social hay libertad de elección de médico y en el segundo, el que basa su financiación en impuesto todo funciona mediante un sistema de cupos y adscripción de población asignada.

Nuestro Sistema Nacional de Salud precisa ser reformado y adaptado a los tiempos que corren con la participación de todos los agentes implicados,

Un hecho importante, determinante en los tiempos que corren diría yo, es que en los sistemas financiados mediante cuotas a la seguridad social no existen apenas listas de espera, mientras que en los que se sustentan en pago por impuestos como es nuestro caso sí que suele haber grandes listas de espera además con una enorme variabilidad.

En relación con la variable de satisfacción de los pacientes y sus familias que utilizan los servicios sanitarios, normalmente en el primer caso, en los sistemas tipo seguridad social, el nivel alcanzado en términos de calidad subjetiva es más elevado que en los demás, existiendo además en estos casos grandes variaciones de percepción, y este es también un elemento muy a tener en cuenta por todos.

En relación al gasto sanitario generado por uno y otro sistema coinciden los expertos en que el primero es más oneroso que el segundo, lo cual nos anima a pensar en si la idoneidad no estará como siempre en el término medio que normalmente es donde se encuentra la virtud y ese término equidistante a lo mejor se encuentra desarrollando un sistema público de salud equidistante y sinérgico con un sistema de titularidad privada complementario, pujante, competitivo con las características de excelencia, dotación, calidad objetiva y percibida y resultados.

shutterstock_113798995Para ello nuestro Sistema Nacional de Salud precisa ser reformado y adaptado a los tiempos que corren con la participación de todos los agentes implicados, reformas que son necesarias en términos de catálogo de prestaciones estableciendo prioridades; gobernanza en términos de incentivación, objetivos y valores; estructuras adecuadas a la realidad social y sociosanitaria; corresponsabilidad del ciudadano en la gestión de su propia salud a través del empoderamiento real del paciente y la imprescindible interoperabilidad real y eficiente entre sistemas que evite redundancias y trate de amainar la consiguiente variabilidad; implantación de las TIC en materia sanitaria y adecuación de nuestros procedimientos, procesos y resultados a las enormes ventajas que nos aporta la tecnología aplicada a la información y la comunicación; todo ello sin olvidar el necesario impulso de las políticas de prevención y educación para la salud en un entorno de una medicina más humanizada y personalizada, y ¿cómo no?, reforzar e impulsar todos los criterios y experiencias de I+D+i dentro del sistema sanitario en su conjunto.

He dejado para el final un último epígrafe que considero crucial, con toda seguridad uno de los más relevantes, el de la necesaria colaboración público-privada hoy a todas luces insuficiente y por lo tanto manifiestamente mejorable. Ya va siendo hora de que tratemos de no generar ni barreras ni líneas rojas, ahora que está tan en boga este término, basadas en criterios más ideológicos que pragmáticos y realistas. Hemos de tratar de poner en valor y por lo tanto utilizar todos los recursos disponibles en beneficio del paciente y del propio profesional sanitario.

Sin una visión amplia, sin disponer como dicen los anglosajones de una “open mind” suficiente y capaz, se hará imposible trabajar de forma coordinada y solidaria, estableciendo sinergias eficaces, eficientes y efectivas consiguiendo si es que perseveramos en ese camino de separación y distancia, en ahondar la brecha financiera y de solvencia que en este momento presenta ya nuestro sistema de provisión y titularidad pública, eso sin contar los datos que día a día nos llegan de plétora en la demanda asistencial y listas de espera, algo que sin duda afecta negativamente a la calidad del servicio, a la motivación de los profesionales y por qué no, probablemente a los resultados de salud comparados y eso sí que podría llegar a ser preocupante.

Si pretendemos un sistema sanitario competitivo que ejerza el liderazgo que le corresponde sin duda que hemos de procurar y cuidar por tender todos los puentes que sea necesario y por favorecer que las distancias y barreras se eliminen, medicina al fin y al cabo solo hay una, nuestros profesionales se forman todos en las mismas Facultades y pacientes solo hay uno, el ciudadano de a pie que lo único que desea es ser bien atendido, pronto y con buenos resultados. Dar lo que pide y demanda es nuestra obligación, sin apriorismos ni posiciones inmovilistas y por lo tanto enrocadas.

 


Dr. Fernando Mugarza

fmugarzaSoy médico (doctor en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid), Médico de Familia y algunas cosas más relacionadas con la comunicación y la empresa. Me gustan cuatro cosas en las que me vuelco, mi familia, mis amigos, un buen viaje a cualquier lugar y una buena mesa, eso sí, con tertulia incluida… ¡Ah!, me encanta escribir, la comunicación y montar en bici. Me apasiona mi tierra, Aragón, cualquier día nos vemos por Pirineos caminando por esos vericuetos cargados de historia y leyenda.