A much@s os chirriarán los oídos al oír esta frase por la calle, pero quizá a much@s otr@s no, así que en el artículo de hoy vamos a dejar claro cómo se ordena o clasifica la diversidad biológica que nos rodea.

 

La ciencia que se encarga de esta clasificación es la taxonomía, que organiza a los organismos en taxones anidados de rango cada vez más alto, por lo que un organismo pertenece a una especie, pero también a un género (categoría de rango superior a especie), etc…

Por debajo de la categoría o taxón de especie, se puede dividir el taxón en subespecie y razas y por debajo de raza aún se puede seguir subdividiendo en taxones en las categorías de variedad y forma. Las especies a su vez se agrupan en taxones superiores, cada uno en una categoría más alta: géneros, familias, órdenes, clases, filos y reinos.

Es cierto que el término especie es la unidad básica de clasificación biológica y es el término más conocido y utilizado a nivel coloquial. Una especie se define a menudo como el conjunto de organismos capaces de entrecruzarse y de producir descendencia fértil. El problema está en que en muchas ocasiones el nombre común que utilizamos para designar a algunas plantas o animales se corresponde con la especie biológica (león, morsa…) pero en la mayoría de las ocasiones esto no es así. Por ejemplo, cuando decimos “pato” ahí, sin saberlo, nos estamos refiriendo a más de una veintena de especies de este tipo de ave de diversos géneros.

Para evitar que esto ocurra en el mundo científico, se utiliza la nomenclatura binomial para nombrar a las especies, es decir, se utilizan dos palabras (la primera de ellas hace referencia al género) y en latín y su escritura correcta es en cursiva con o sin subrayar y la segunda palabra en minúscula, por ejemplo Mantis religiosa, donde Mantis es el nombre genérico y religiosa el específico. El binomio Mantis religiosa designa esta especie concreta de insecto. También puede abreviarse le nombre genérico y utilizar esta nomenclatura: M. religiosa. Pero el nombre específico nunca puede ir solo.

Pues bien, por debajo de las especies está el taxón de raza, que se refiere a los grupos en que se subdividen algunas especies biológicas a partir de una serie de características que se transmiten por herencia genética. El uso actual de este término, en lo que respecta a animales, está restringido a especies domésticas, ya que el ser humano ha ido domesticando y dominando a los animales desde que comenzó a utilizarlos en su beneficio (desde el Neolítico), y las razas de animales domésticos se han manipulado por selección y cruces dependiendo del fin último del organismo resultante. Un ejemplo muy claro lo tenemos con los perros. El perro es una subespecie del lobo (Canis lupus) a la que se le denomina Canis lupus familiaris (se añade un tercer término para indicar que es una subespecie). Hay aproximadamente 800 razas – más que de cualquier otro animal- que varían significativamente en tamaño, fisonomía y carácter. Es por ello que se pueden hacer cruces entre diferentes razas de perro y éste dará lugar a una descendencia fértil, porque, como bien se comentaba al principio del artículo, son de la misma especie.

Otro ejemplo “muy nuestro” es el del toro de lidia. Este animal es una raza dentro de la subespecie Bos primigenius taurus o también conocida como B. primigenius primigenius que a base de cruces dio lugar a la raza de toro de lidia que conocemos hoy día.

Espero que esto os ayude a entender más fácilmente cómo se clasifican los organismos (las plantas, microorganismos, etc… se rigen por las mismas normas) y si os surge cualquier duda, comentar e intentaré resolverla.