Este fin de semana he estado en mi pueblo, y digo “mi”, porque es en Almenar de Soria donde pasé momentos muy felices de mi vida. Los veranos los pasábamos allí y claro todo lo que suena a infancia, juventud, vacaciones de estudiante, etc… no deja de ser “gloria bendita”.

Hay quien dice que podemos estratificar nuestra sociedad por aquellos que tienen pueblo y los que no, yo como he comentado tengo la suerte de figurar dentro del primer grupo. Digo bien, y digo suerte porque ahora que ya peino canas, que tengo ya dos hijos mayores y un puñado de años más de los que quisiera, cada vez que voy por allí, aunque sea solamente a pasar un rato, la verdad es que me invade una alegría, una satisfacción que adquiero ya con pocas cosas.

Ahora bien, quien lea este artículo pensará ¿qué tiene que ver esta confesión con la salud?, pues la verdad sea dicha creo que mucho, las vacaciones lo mismo que las bicicletas son para disfrutarlas y cada cual lo hace donde y como quiere, y si hay un denominador en común en ello, es el grado de plenitud que alcanzamos cuando estamos en ese momento inigualable que es el de disponer, teóricamente, de tiempo suficiente para hacer aquello que más nos gusta, aquello que a lo largo del año descuidamos y que sin embargo nos hace sentirnos vivos y plenos de vitalidad y energía.

20140628_181335Algunos expertos apuntan al riesgo de las vacaciones, que no es otro que el de abandonar la “cómoda” rutina y tener que organizar nuestro tiempo, de tal forma, que los días que pasan volando, nos dejen el poso de felicidad suficiente como para poder afrontar de nuevo el reto del año siguiente.

No es infrecuente, al parecer, los fenómenos de ansiedad al menos en los primeros días de vacaciones, ansiedad que puede verse trufada por episodios de irritabilidad, nerviosismo, e intranquilidad debido a la pérdida de actividades de referencia que plagan y completan nuestra rutina diaria. Por ello es importante tener en cuenta una serie de pequeñas recomendaciones que nos pueden ayudar a que este año sea diferente a los demás, en el pueblo, en la montaña, en la playa o allá donde vayamos:

  • Preparar el viaje con la antelación suficiente, haciendo participar a todos los que nos van a acompañar en la organización de actividades en las que vayamos a compartir nuestro tiempo.
  • Ser realista con el tiempo y honesto con nosotros mismos, planteando iniciativas para las que realmente estemos capacitados y además nos sirvan de disfrute y relax.
  • No cambiar demasiado nuestra rutina relacionada con el descanso, eso sí aprovechando más el tiempo y no estando obligados a tener que levantarnos a una hora determinada.
  • Dedicarnos tiempo suficiente a nosotros mismos y a aquellas actividades que nos motivan y nos llenan interiormente.
  • Practicar un poco de ejercicio físico siempre es conveniente, con moderación, adaptado a nuestras capacidades, pero al fin y al cabo deporte que nos ayude a incrementar nuestro nivel de endorfinas y mejore nuestro estado de ánimo.
  • No realizar comidas demasiado copiosas que después nos puedan amargar nuestro periodo estival.
  • Un momento de reflexión nunca viene mal, a veces estamos desbordados por el “ruido” que nos imprime nuestra sociedad de consumo y un poco de silencio conversando con nosotros mismos es una práctica más que recomendable.
  • No olvidar ese baño refrescante y relajante que normalmente suplimos con una ducha rápida por falta de tiempo. Bien es cierto que una ducha bien hecha puede ser tan apetecible como un buen baño.
  • Quien tenga posibilidad, un masaje relajante es un buen complemento ya que contribuirá a rebajar tensiones musculares y problemas articulares que puedan hacernos padecer durante nuestros días de descanso.
  • Procurar el encuentro distendido con amigos, para ello no solo las actividades comunes al aire libre, sino que los momentos del almuerzo, el vermú, las cañitas de por la tarde o la cena pueden ser momentos ideales para fomentar nuestras capacidades sociales.
  • No descuidar los temas de pareja, no vaya a ser que con nuestro “programa vacacional” descuidemos algo que es indispensable y que a lo mejor a lo largo del año lo tenemos un tanto dejado de lado. No hay nada como compartir y en ese sentido las vacaciones pueden ser un momento ideal para revitalizar nuestra relación.

En fin, que como dice el refrán, consejos doy que para mí no tengo, espero que estas breves líneas puedan ser de utilidad, al menos con la mejor intención están escritas. Felices vacaciones a todos y a disfrutar que como dicen algunos al fin y al cabo “son dos días”.