Dar la noticia de la llegada de un herman@ a un niñ@ pequeño puede ser fácil, pero también frustrante. Los padres se plantean preguntas del tipo: ¿Cuándo y cómo decírselo para que lo entienda y no se sienta destronado? ¿Qué hacer para que no tenga celos del bebé?

No sirve de nada contárselo muy pronto porque es muy pequeño para entender algo que no sea tangible. Tampoco es adecuado esperar hasta el último momento, porque al ver los cambios imaginará todo tipo de elucubraciones. Lo mejor es contárselo entre el cuarto y quinto mes de embarazo y hacerle partícipe desde entonces y hasta el final de todas las decisiones, que se sienta involucrad@ es importantísimo.

shutterstock_194627258Hay que implicarle en la nueva reorganización familiar pidiéndole que nos ayude a buscar un nombre para el bebé, aunque al final seamos nosotros los que decidamos. También es recomendable visitar amigos o familiares que acaben de tener un hijo para explicarle que ese es el aspecto que tendrá su herman@ al nacer. Y algo que puede hacerle ver más de cerca la futura realidad es dejándole que nos acompañe a alguna revisión ginecológica. Si la cita con el médico coincide con una ecografía y el niño puede estar presente, oirá los latidos del corazón de su nuevo herman@.

Ya nos hemos puesto de parto, todo ha salido bien y estamos en el hospital, pues ¿qué mejor momento para llamar al hermano mayor? Luego ya prepararemos su visita al hospital para presentarle al recién llegado y explicarle que ahora él, papá y mamá cuidarán del hermanito para que crezca y en un tiempo puedan jugar juntos. Eso le motivará.

Una vez que ya hemos llegado a casa, el comportamiento de los padres determinará en gran medida cómo se tomará su nuevo papel de hermano mayor. Hay que involucrarle en las tareas del cuidado del bebé. Pedirle que traiga un pañal, que sujete la esponja, que abra el grifo para llenar la bañera… y agradecerle toda su ayuda. Y nunca usar las cosas preferidas del recién destronado para calmar o dejárselas al nuevo bebé.

Los celos son normales. Es una reacción natural ante una situación de pérdida de poder, de atención y de amor (o por lo menos así lo cree él). No hay que preocuparse en exceso, en la mayoría de los casos, los celos no son ni tan graves ni tan duraderos como los padres pensamos. Así que disfrutar en familia de la nueva incorporación a la plantilla y formar un buen equipo, esa es la mejor de las soluciones.