No es bueno ni recomendable no desayunar. Así lo plasman los diversos estudios que existen al respecto. Un desayuno escaso, el clásico café con leche bebido o peor aún, el prescindir de esta ingesta no hace sino provocarnos riesgos que hemos de conocer para tratar de cambiar este hábito tan poco saludable.

Un nuevo estudio del CNIC (Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares) en colaboración con el Banco Santander demuestra que desayunar poco, menos de 100 calorías, daña gravemente el corazón.

En concreto desayunar tan poco duplica el riesgo de lesiones ateroescleróticas independientemente de la presencia de otros factores de riesgo como el tabaco, un colesterol elevado, el sedentarismo, etc.

La investigación analizó la presencia de placas ateroscleróticas en diferentes regiones: arterias carótidas y femorales, aorta y coronarias, en individuos sin antecedentes de enfermedad cardiovascular.

Los investigadores observaron que quienes se saltaban el desayuno tenían una presencia de hasta 1,5 más elevada de placas ateroscleróticas y una afectaciópn en varias zonas de hasta 2,5 veces mayor que quienes toman un desayuno más energético.

La dieta constituye un objetivo principal de la estrategias de prevención  de enfermedades cardiovasculares.

Las personas que inician el día con un desayuno equilibrado controlan mejor sus niveles de glucosa en sangre, además proveen a su cuerpo de energía y nutrientes necesarios. De lo contrario al no desayunar, se favorece la presencia de problemas metabólicos y obesidad, así como alteraciones cardiovasculares.

Además del riesgo cardiovascular asociado a no desayunar existe riesgo de padecer estreñimiento, fatiga, mareos e incluso desarrollar un síndrome metabólico, caracterizado por hipercolesterolemia, hiperglucemia, hipertriglicerinemia, bajos niveles de HDL (colesterol bueno), hipertensión y obesidad abdominal.

El incremento en el riesgo cardiovascular quedó reflejado también en una investigación de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, publicada en Circulation, entre sus conclusiones figuraba que los hombres al no desayunar presentan un mayor riesgo de sufrir un infarto o un problema de isquemia cardiaca.

No desayunar puede conducir a uno o más factores de riesgo y terminar provocando un ataque al corazón

«No desayunar puede conducir a uno o más factores de riesgo como la obesidad, la presión arterial alta, el colesterol elevado y la diabetes, lo que a su vez puede provocar un ataque al corazón», aseguraba la doctora Leah E. Cahill, autora principal del estudio.

no desayunar

No desayunar es un mal hábito ya que someter al cuerpo a un ayuno prolongado no es para nada saludable.

Si queremos realizar una ingesta equilibrada, hemos de tener en cuenta que el desayuno debería aportarnos aproximadamente el 20% de la ingesta calórica del día, el resto debería distribuirse a lo largo del día. Una cena copiosa además de provocarnos una digestión pesada que dificulta el sueño, aumenta el riesgo de sobrepeso y obesidad.

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Según apuntan los expertos, cuando hay un ayuno prolongado y luego ingerimos mucho alimento, es más fácil que las calorías aportadas se acumulen en forma de grasa (el ayuno prolongado provoca que el organismo perciba que no se consumirán alimentos a corto plazo adaptándose a ello y tratando de conservar energía suficiente para resistir el resto del día provocando una ganancia de peso inesperada). El índice de masa corporal (IMC) es mayor en las personas que omiten el desayuno o lo transforman en una ingesta inadecuada e insuficiente.

Además de acuerdo con la especialista de la Federación Mexicana de Diabetes, es un mal hábito someter al cuerpo a un ayuno prolongado, pero incluso es más dañino para el organismo cuando se termina el ayuno, puesto que según esta acción propicia el riesgo de generar 21 por ciento de desarrollar diabetes.

Un buen desayuno requiere tiempo suficiente para degustarlo y debe incluir un lácteo (leche, yogur, queso fresco), cereales o pan (mejor integrales), fruta entera que además de poseer abundante fibra es “saciante” e incluir algún alimento proteico, por ejemplo un embutido bajo en grasa como puede ser el fiambre de pollo o de pavo y agua.