No es bueno ni recomendable no desayunar. Así lo plasman los diversos estudios que existen al respecto. Un desayuno escaso, el clásico café con leche bebido o peor aún, el prescindir de esta ingesta no hace sino provocarnos riesgos que hemos de conocer para tratar de cambiar este hábito tan poco saludable.

Las personas que inician el día con un desayuno equilibrado controlan mejor sus niveles de glucosa en sangre, además proveen a su cuerpo de energía y nutrientes necesarios. De lo contrario al no desayunar, se favorece la presencia de problemas metabólicos y obesidad, así como alteraciones cardiovasculares. Así lo expresó Marisol Olarra, coordinadora de nutrición de la Federación Mexicana de Diabetes, durante el taller “Cocinar y vivir con diabetes” organizado por la empresa danesa Novo Nordisk.

En primer lugar al no desayunar existe un riesgo mayor de padecer estreñimiento, fatiga, mareos e incluso desarrollar un síndrome metabólico, caracterizado por hipercolesterolemia, hiperglucemia, hipertriglicerinemia, bajos niveles de HDL (colesterol bueno), hipertensión y obesidad abdominal, todo ello con el consiguiente riesgo cardiovascular que supone.  De hecho ya la revista Public Health Nutrition mostraba recientemente “que los adolescentes que optan por no desayunar o hacerlo de forma escasa tienen un 68% más de posibilidades de desarrollar dicho síndrome”.

Dicho incremento en el riesgo cardiovascular quedó reflejado también en una investigación de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, publicada en Circulation, entre sus conclusiones figuraba que los hombres al no desayunar presentan un mayor riesgo de sufrir un infarto o un problema de isquemia cardiaca. «No desayunar puede conducir a uno o más factores de riesgo como la obesidad, la presión arterial alta, el colesterol elevado y la diabetes, lo que a su vez puede provocar un ataque al corazón», aseguraba la doctora Leah E. Cahill, autora principal del estudio.

no desayunar

No desayunar es un mal hábito ya que someter al cuerpo a un ayuno prolongado no es para nada saludable.

Si queremos realizar una ingesta equilibrada, hemos de tener en cuenta que el desayuno debería aportarnos aproximadamente el 20% de la ingesta calórica del día, el resto debería distribuirse a lo largo del día. Una cena copiosa además de provocarnos una digestión pesada que dificulta el sueño, aumenta el riesgo de sobrepeso y obesidad.

Según apuntan los expertos, cuando hay un ayuno prolongado y luego ingerimos mucho alimento, es más fácil que las calorías aportadas se acumulen en forma de grasa (el ayuno prolongado provoca que el organismo perciba que no se consumirán alimentos a corto plazo adaptándose a ello y tratando de conservar energía suficiente para resistir el resto del día provocando una ganancia de peso inesperada). El índice de masa corporal (IMC) es mayor en las personas que omiten el desayuno o lo transforman en una ingesta inadecuada e insuficiente.

Además de acuerdo con la especialista de la Federación Mexicana de Diabetes, es un mal hábito someter al cuerpo a un ayuno prolongado, pero incluso es más dañino para el organismo cuando se termina el ayuno, puesto que según esta acción propicia el riesgo de generar 21 por ciento de desarrollar diabetes.

A lo largo del año y hasta el 14 de noviembre Día Mundial de la Diabetes se va a desarrollar una campaña llamada “Desayunos Azules”, una iniciativa de la Federación Internacional de Diabetes en la que se informará cómo preparar alimentos equilibrados, dividir entre cereales, frutas, verduras y porciones de origen animal que no excedan las 400 kilocalorías y cumplan con el valor nutrimental adecuado.

Un buen desayuno requiere tiempo suficiente para degustarlo y debe incluir un lácteo (leche, yogur, queso fresco), cereales o pan (mejor integrales), fruta entera que además de poseer abundante fibra es “saciante” e incluir algún alimento proteico, por ejemplo un embutido bajo en grasa como puede ser el fiambre de pollo o de pavo y agua.