La tensión arterial es un parámetro clínico que solemos medir con frecuencia, en la consulta del médico, en la farmacia o bien en casa. Hace referencia a la presión que transmite el corazón a las arterias cuando este bombea sangre hacia los diferentes territorios.

Aunque normalmente no hay una causa determinada concreta (hipertensión esencial), existen muchas circunstancias en las que esta tensión o presión arterial se ve incrementada por problemas patológicos

 
Como es el caso de las enfermedades renales y cardiovasculares, los trastornos glandulares como en el caso de las suprarrenales (Feocromocitoma, Síndrome de Cushing), el tiroides (Hipertiroidismo) o las paratiroides (Hiperparatiroidismo), por complicaciones neurológicas derivadas del estrés y la ansiedad, en algunos casos de embarazo (preeclamsia), de una forma secundaria a ciertos tratamientos como pueden ser algunos relacionados con la anticoncepción, algunos fármacos para la migraña o frente al resfriado y también algunos medicamentos utilizados para adelgazar.

Se suele denominar hipertensión arterial cuando estas cifras superan valores de 140 mmHg y 90 mmHg respectivamente. Si los valores de la presión arterial son de 120/80 o más, pero por debajo de 140/90, podríamos estar ante una prehipertensión. La hipertensión arterial está asociada con un aumento medible del riesgo de sufrir aterosclerosis.

 

Los expertos afirman que las cifras, aunque sometidas a alguna variación relacionada sobre todo con la edad, se encontrarían dentro de la normalidad en valores de 120 mmHg en el caso de la máxima y 80 mmHg en el caso de la mínima.

 

Normalmente hay un mayor riesgo de desarrollar hipertensión arterial en casos de pacientes diabéticos, en personas con antecedentes familiares, individuos que beben y/o fuman, personas que sufren sobrepeso u obesidad, pacientes que padecen ansiedad frecuentemente o personas aquejadas de niveles de estrés elevados, también en aquellos que consumen los alimentos con abundante sal. Por ello estas personas deben tener un mayor control de la salud de sus arterias.

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Síntomas de la hipertensión

 
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Normalmente la hipertensión no presenta síntomas aparentes, convive con el individuo de una forma “silente” y solo una revisión de rutina o una consulta por cualquier otro motivo pueden identificarla y determinarla.

Desgraciadamente en muchos casos puede ser diagnosticada por alguna de sus complicaciones, puesto que estamos sometiendo a nuestro corazón a una sobrecarga innecesaria que puede conllevar complicaciones cardiovasculares serias (isquemia miocárdica, infarto agudo de miocardio, accidentes cerebrovasculares e incluso posiblemente trombosis cerebrales).

En los casos de hipertensión “maligna” que puede aparecer de una forma súbita y rápida, se puede observar algún síntoma como puede ser dolor de cabeza (cefalea), náuseas o vómitos, sensación de embotamiento y confusión, nerviosismo e intranquilidad, alteraciones en la visión, algún posible y esporádico sangrado nasal, etc…

El consejo de los especialistas es que al menos una vez al año tomemos nuestra tensión arterial en el caso de encontrarnos en cifras normales: 120 mmHg / 80 mmHg de máxima y mínima respectivamente. En los casos en los que haya alteraciones respecto de estos datos el control debe ser más exhaustivo y frecuente.
 

Como en todo no hay nada como prevenir y antes de tener que entrar en un tratamiento médico podemos hacer varias cosas por la salud de nuestras arterias:

 
• Consumir una alimentación cardiosaludable (que incluya potasio y fibra).

• Ingerir agua suficiente.

• Practicar ejercicio con regularidad (al menos 30 minutos diarios de ejercicio aeróbico).

Dejar de fumar y no tomar alcohol.

Disminuir la cantidad de sodio (sal) que se consume durante las comidas (procurar consumir menos de 1,500 mg por día).

Reducir los niveles de ansiedad y estrés (la meditación, el yoga u otras actividades que procuren relax y bienestar siempre están indicadas).

• Por último algo esencial, procurar mantener un peso corporal saludable, acorde con nuestro perfil y características físicas, ello nos ayudará además a prevenir el temido “síndrome metabólico” que tantos estragos comienza a hacer en nuestra sociedad de consumo (hipercolesterolemia, hiperglucemia, hipertriglicerinemia, bajos niveles de HDL, hipertensión y obesidad abdominal).