Una falla natural ha obrado el milagro de alumbrar unos manantiales que apreciaron íberos, árabes y reyes europeos. Es el Balneario de Lanjarón, a los pies de Sierra Nevada, un oasis de salud donde el agua es la gran protagonista.

Actualmente el Balneario de Lanjarón se ha convertido en una estación termal de referencia en la que se puede descubrir, disfrutar y sentir técnicas terapéuticas basadas en el agua originales y con propiedades sedantes.

El balneario se sitúa a los pies de Sierra Nevada en la pequeña localidad de su nombre, a 46 kilómetros de Granada y a las puertas de la Alpujarra. Las guías señalan que hacia 1770 ya se habían reconocido las cualidades de sus aguas para fines curativos. Pero cuesta muy poco imaginar que antes de ese ayer las aguas de Lanjarón debieron ser apreciadas. Y simplemente en su nombre encontramos algunas pistas.

Lanjarón viene de Lanchón, voz ibérica tomada prestada por los árabes granadinos que acabó por convertirse en el nombre que hoy conocemos. Un lanchón es una charca singular de agua. Así que si los íberos conocieron esos manantiales de la sierra granadina, está claro que les tuvieron que dar uso.

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Pueblo de Lanjarón.

Aquellos manantiales íberos y árabes son los mismos que ofrecen sus aguas en el Balneario de Lanjarón moderno. El secreto de los alumbramientos de sus aguas es una falla, la Falla de Lanjarón, un corte que desubica dos fragmentos del terreno que ha permitido que las aguas broten en nacientes, en seis manantiales, cada uno con sus características terapéuticas particulares.

Por ejemplo, el Manantial de la Capuchina tiene agua bicarbonatada, clorurada, cálcica y sódica y es de mineralización acusada. Se aconseja con fines depurativos. El Manantial Salud I tiene aguas con gran poder digestivo y su mineralización es débil. El Salud II tiene las mismas cualidades que el Salud I sólo que la presencia de minerales es más fuerte. El Manantial Capilla dicen que estimula el apetito y sus aguas son igualmente digestivas. El de San Vicente es conocido por sus cualidades diuréticas.

Los baños en el Balneario de Lanjarón se toman con las aguas ferruginosas del Manantial de El Salado que tiene unas peculiares características sedantes. Son aguas que relajan al contacto con la piel y con la inmersión del cuerpo.

A principios del siglo XX se transforó el balneario y se llenó de modernidades y comodidades que hicieron las delicias de importantes personajes. Las aguas de Lanjarón fueron apreciadas por Virginia Woolf o Bertrand Russell o por Lorca y Falla, insignes andaluces, aunque no faltaron visitas esporádicas de reyes y reinas de la época que aprovecharon el hoy histórico Edificio de Manantiales y su salón de fiestas. Edificios que fueron modernizados en 2007 y al que se le dotó de un hotel de cuatro estrellas inaugurado en 2011.

La vieja estación termal de Lanjarón ya sólo existe en los libros de su historia, las aguas de los manantiales siguen siendo las mismas, pero los tratamientos y servicios están ahora en otro nivel. Lanjarón se convierte así en un remanso de paz y en un hogar de salud.