Somos conscientes que el otoño es una estación de cambios y que estos influyen en nuestro estado tanto de ánimo como físico. Aunque parezca que todo sigue igual, en nuestro interior se producen una serie de transformaciones que nos ayudan a adaptarnos a la bajada de temperaturas y a la disminución de la luz solar.

Los cambios más importantes que ocurren en nuestro organismo suelen ser: decaimiento, fatiga física e intelectual, trastornos en el estado de ánimo, numerosos cambios en la piel como por ejemplo que se vuelve más frágil debido al frío, caída del cabello, manos resecas y uñas más débiles.

Además las defensas normalmente disminuyen cuando aparece algún síntoma de estado febril, primeras infecciones respiratorias víricas o bacterianas, gripes y resfriados. También suelen bajar debido a los tratamientos con antibióticos a causa de estas infecciones, o si nuestra alimentación no es del todo completa, ya sea por aporte insuficiente de vitaminas, minerales u oligoelementos ya que debido a la bajada de las temperaturas no consumimos, porque no apetece, tanta fruta ni verduras como en verano.

shutterstock_98788277También una de las dolencias más comunes en esta época son los dolores propios de la artrosis y artritis. Esto es debido a que los músculos por el frío se quedan más contraídos, haciendo que las articulaciones también se pongan más rígidas, esto a su vez provoca que los tendones también estén más rígidos y se ejerce así una presión enorme en las articulaciones.

Para poder prevenir resfriados y gripes es recomendable tomar complejos vitamínicos ricos en vitamina C, y si estamos bajos de defensas una buena alternativa es la medicina natural como son los probióticos, jalea real, equinácea, própolis, etc… Y ante los dolores musculares y de articulaciones existen  complementos alimenticios como el colágeno y magnesio que tienen una acción reparadora frente al desgaste de músculos y tendones, o el ácido hialurónico que favorece la movilidad de las articulaciones aportando los nutrientes necesarios al líquido sinovial. Protegerlas bien del frío también es importante, así como recurrir a prácticas sencillas tales como la aplicación de chorros de agua caliente en la ducha. Si con eso no es suficiente, tendremos que acudir a nuestro médico para un tratamiento más específico.

Realizar ejercicios al menos de 2 a 3 veces en semana nos ayudará a no sentir esa especie de tristeza cuando llega esta época del año.