Hay algo que mide el tiempo de nuestro cuerpo, un supuesto mecanismo que marca nuestro tic-tac y que hace que lleguemos a estadíos tan terribles como ese en que “se nos pasa el arroz” y similares.

Y lo cierto es que el ser humano cuenta con un reloj biológico de verdad, aunque muy diferente a la idea que tenemos de reloj. De alguna forma “algo” tiene que conocer el momento del día que estamos para que nuestro cuerpo se regule adaptativamente (secreción hormonal, digestión, regulación de la temperatura, etc).

De alguna forma “algo” tiene que medir cuánto tiempo llevamos viviendo para que vayan sucediendo los cambios físicos y psicológicos (que se expresen los genes correspondientes en un momento determinado, que se produzcan las hormonas correspondientes, etc…) por los que todos acabamos pasando en el momento correcto. Pero ¿qué es lo que marca este compás vital que se encarga de sincronizar nuestro cuerpo con los ciclos de luz y oscuridad causados por la rotación de la tierra?

Varios elementos diferentes repartidos por diferentes zonas de nuestro sistema nervioso forman este reloj y todos son necesarios para que funcione correctamente. Se desconoce, por ahora, el esquema completo de este reloj, pero al menos se conoce el primer engranaje y del que depende el funcionamiento del resto del mecanismo: el núcleo supraquiasmático, en adelante NSQ.

El NSQ se trata de un conjunto de neuronas que se encuentran en el hipotálamo y que recibe conexiones de las células fotorreceptoras de los ojos informando del nivel de luz actual. A su vez, establece conexión directa o indirecta con otras áreas del sistema nervioso que forman parte de este reloj tan especial, como, por ejemplo, la glándula pineal, encargada de secretar la hormona melatonina, responsable de controlar los ciclos de sueño-vigilia.

shutterstock_184193345El NSQ es el marcapasos de los “días corporales” o de los ritmos circadianos. El comienzo del ciclo, por así decirlo, pone en marcha la actividad del comienzo de la jornada propia de la especie. En especies diurnas, como el ser humano, el comienzo del ciclo coincide más o menos con el amanecer. En especies nocturnas como, por ejemplo, ciertos roedores, este comienzo de ciclo de actividad corporal se inicia al anochecer. Es por esto que el descontrol de este reloj puede notarse en los trabajadores por turnos o en los cambios de horario (como en los vuelos de larga duración donde se produce el fenómeno conocido como jet-lag) donde el resto de órganos corporales tienen un horario diferente al establecido por el ciclo circadiano y tarda varios días y a veces hasta semanas en volver a ajustarlo a esas actividades diarias diferentes, lo que se manifiesta por fatiga y disminución de la capacidad de concentración y laboral, que, incluso en casos severos, puede llevar a un cuadro depresivo.

Hay que dejar claro que el NSQ no funciona gracias a la luz. Las conexiones de este núcleo con los ojos del ser humano no es lo que le activa, pero sí nos permite funcionar sincronizadamente con el planeta y con los ciclos de luz-oscuridad de nuestro territorio. El NSQ dispone de una maquinaria interna que puede funcionar sola e indicar el momento del ciclo circadiano en que se encuentra el organismo y el estado de actividad adaptativa con el medio en que debe estar éste. Esta inteligente maquinaria está basada en ciertas proteínas y su producción.

Uno de los genes más famosos que intervienen en cronobiología es el gen PER1 que sintetiza la proteína de igual nombre. Este gen y otros compañeros semejantes tienen la peculiaridad de que se expresan o no se expresan por un mecanismo de retroalimentación en función de los niveles presentes de la proteína que él mismo codifica. En resumen, se puede decir que el tiempo en las células de este reloj se mide según los niveles de proteínas y el tiempo pasa según se forman y se degradan esas proteínas.

Este NSQ es una obra de ingeniería natural que pueden envidiar hasta los mejores relojeros suizos. En ausencia de este núcleo, nuestro cuerpo no actuaría sincronizado con el ritmo planetario ni tendría una actuación regular y útil como la que tenemos.

Os dejamos un enlace de la BBC dónde podéis explorar curiosidades de vuestro reloj.


Sara G. Blanco

Sara G. Blanco

Bióloga de nacimiento le apasiona la naturaleza, viajar, conocer gente y comer fabada como buena asturiana que es. Especializada en biotecnología y con más de cinco años de experiencia en comunicación corporativa, aporta a Knowi frescura y dinamismo sin perder su visión científica.