Todos utilizamos expresiones relacionadas con los pies: “a los pies de su señora”, “caigo rendido a sus pies”, “ando con pies de plomo”, “hay que asentar los pies sobre la tierra” o “quien tiene pies en ocasiones da un traspiés”.

Tenemos que ser conscientes que nuestros pies son los que soportan todo el peso de nuestro cuerpo y no solo al estar de pie sino también cuando andamos, corremos, saltamos, en definitiva cuando estamos activos. Caminar es un ejercicio más que recomendable al ser aeróbico y progresivo pero siempre y cuando nuestros pies estén “en plena forma”, y para ello nada tan obvio como cuidar y preocuparnos de ellos.

Eso de estar colocados al final del cuerpo les dota de una cierta indiferencia hasta que comienzan a “quejarse” en forma de dolor, deformidades, inflamación, dermatitis, etc…  Todos hablamos del corazón, del estómago, de la cabeza, de los ojos o los oídos, de la piel, pero ¿de los pies, quién habla de sus pies?

Nuestros pies son los que nos dan equilibrio, estabilidad, soltura, seguridad al caminar, estética ¿por qué no? al estar de pie o incluso al estar tumbados en una buena hamaca en la playa o donde sea; por lo tanto el consejo es que nos acordemos que están ahí no solo cuando dan problemas, sino que desde que nacemos hemos de acostumbrarnos a tratar bien a nuestro pies y a no maltratarlos constantemente “con el látigo de nuestra indiferencia” cuando menos. Nuestra columna vertebral nos lo agradecerá y mucho.

Hemos de tener presente además que los problemas de los pies a veces pueden ser la primera señal y signo de condiciones médicas más serias tales como osteoartritis o artrosis, diabetes y trastornos de carácter neurológico o circulatorio.

Los expertos determinan una serie de consejos para que seamos disciplentes en su cuidado:

  • Revisarlos con frecuencia es fundamental, ver si hay heridas, rojeces, inflamaciones, ampollas o uñas encarnadas. Si es diabético hay que revisar los pies todos los días para evitar sorpresas.
  • Es aconsejable elevar los pies cuando se está sentado puesto que ayuda a la circulación.
  • Hacer estiramientos, caminar, un suave masaje de los pies o remojar los pies en agua tibia con suaves movimientos de los dedos.
  • Tener la certeza de que los pies están secos antes de ponerse los zapatos para evitar maceraciones y sus consecuencias en forma de infecciones, ulceras y heridas.
  • En caso de permanecer sentado durante espacios de tiempo prolongados, levantarse y caminar de vez en cuando (en aviones nos puede ayudar incluso a evitar el temido “síndrome de la clase turista”).
  • En caso de cruzar las piernas al estar sentado, cambiar de pierna frecuentemente o mantenerlas sin cruzar en ocasiones.
  • Usar zapatos cómodos y adaptados a la fisionomía y características individuales (la talla de zapatos puede cambiar a medida se envejece), para ello es recomendable acudir de vez en cuando a un especialista (Podólogo) que nos aconseje.
  • Escoger zapatos que tienen la horma del pie, teniendo en cuenta que los tacones altos o puntiagudos pueden ser perjudiciales. No comprar zapatos apretados creyendo que van a estirar y ensanchar y comprobar que hay una distancia (1/2 pulgada al menos) desde el final del pie al final del zapato, siendo el talón flexible. Las suelas gruesas y que no resbalan amortiguan el impacto del pie contra el suelo.
  • En caso de utilizar zapatillas de deporte, botas de montaña o senderismo (“trekking”) tener en cuenta que la talla no tienen por qué coincidir con la del zapato, y si se practica algún tipo de ejercicio, correr por ejemplo, es bueno saber si nuestra pisada es pronadora o supinadora.
  • No fumar puesto que puede tener consecuencias a nivel circulatorio.
  • Cuidarse bien los pies y revisarlos con regularidad son una parte importante del cuidado de la salud y tanto para prevenir como para curar una consulta con su médico o con el podólogo especialista es fundamental.