Poco queda para que termine la temporada de esquí en nuestro país, y más teniendo en cuenta el adelanto primaveral que estamos viviendo. Así que podéis ir diciendo adiós a los mantos blancos que cubren nuestras montañas. Pero, ¿por qué blancos y no transparente como el hielo?

¿Es que acaso la nieve no es agua? Sí, claro que es agua, pero para entender el por qué de su color blanco, tenemos que saber que cada copo de nieve es un cristal de agua congelada alrededor de una mota de polvo. Tienen forma de estrella de seis brazos y cada uno de ellos está formado por alrededor de un quintillón de moléculas de agua. Los copos se forman en nueves que están saturadas de agua y cuya temperatura es de unos -10ºC. A medida que los copos se van agregando entre ellos se va quedando aire atrapado y es por culpa de este aire que la nieve la percibimos de color blanco. Al igual que las nubes, que las vemos blancas y no lo son o incluso los oso polares. Es todo un efecto óptico.

El aire está compuesto por una mezcla de moléculas de oxígeno, nitrógeno y gases y también hay partículas en suspensión y cada uno de estos elementos dispersa la luz en un color concreto según sus particularidades (el color que dispersa una partícula es el color que percibimos). El cielo es azul porque el oxígeno dispersa en todas las direcciones este color, por lo tanto lo percibimos de ese color ya que es la molécula que más abunda, pero cuando el aire queda atrapado en esos huecos tan pequeños entre los copos de nieve, ahí hay de todo, desde oxígeno a polvo y a otras partículas en suspensión, todo muy apretado y muy junto, y que dispersan todo tipo de colores y la suma de todos los colores da lugar al color blanco.

shutterstock_222074788Este mismo efecto se produce por ejemplo, con el pelo de los osos polares. Su manto no es níveo, sino transparente y su piel es negra, lo que ocurre es que el aire atrapado entre los pelos el que le da el color blanco al difundir la luz igual que en la nieve.

Y es ese mismo aire que dota de color blanco a la nieve el que le confiere otra de sus características: el efecto relajante. Los que vivimos en la ciudad notamos con especial intensidad la calma que trae consigo la nieve. Todo se vuelve más silencioso. Y no es porque los coches vayan más despacio por miedo a la nieve o haya menos gente paseando. Lo que ocurre es que la nieve amortigua el sonido. Al aire que alojan los copos en su interior se suma el que queda atrapado en la nieve cuajada, que esconde abundantes cavidades que esconden mucho más aire todavía


Sara G. Blanco

Sara G. Blanco

Bióloga de nacimiento le apasiona la naturaleza, viajar, conocer gente y comer fabada como buena asturiana que es. Especializada en biotecnología y con más de cinco años de experiencia en comunicación corporativa, aporta a Knowi frescura y dinamismo sin perder su visión científica.