Lavar sólo con agua no surte efecto, lo tenemos más que comprobado. Pero ¿qué hace que el jabón deje la vajilla como una patena o nuestra ropa impoluta?

El método de fabricación del jabón, empleado desde los babilonios, se llama saponificación, proceso químico por el cual un cuerpo graso, unido a un álcali y agua, da como resultado jabón, un producto usado para limpiar. ¿Cómo lo hacían?: calentando grasas con las cenizas de plantas alcalinas (plantas que crecen en suelos con un nivel de pH de 7 o más se denominan alcalinas, o tolerantes a la alcalinidad).

Lo que confiere al jabón su peculiar habilidad para limpiar, por ejemplo la ropa, es que sus moléculas tienen “dos caras”: un extremo odia el agua y es atraído por las sustancias no solubles en agua–es hidrófobo– por lo que tiende a unirse a la grasa, mientras que el otro es hidrófilo, le encanta el agua. La parte hidrófoba de la molécula está formada por lo general por una cadena de hidrocarburos, que es similar en su estructura al aceite y a muchas grasas. Obviamente el efecto ‘tirón’ del lado hidrófilo debe ser mayor para poder arrancar la suciedad de la ropa, al que ayudamos cuando la frotamos. Al final queda una diminuta gota de suciedad rodeada por una envoltura de jabón, formando una estructura denominada micela. permitiendo al jabón reducir la tensión superficial del agua (incrementando la humectación) y adherir y hacer solubles en agua sustancias que normalmente no lo son. Este proceso se ve favorecido en agua caliente.

shutterstock_70099897Ahora bien, el jabón ve reducida su efectividad a medida que el agua vaya incrementando su concentración en sales minerales –de calcio y magnesio principalmente–, lo que es más conocido como agua dura. Esto se debe a que las sales reaccionan con el jabón formando un precipitado insoluble que da a la ropa un tacto como si hubiera sido almidonada. De ahí que usemos suavizante.

Hay que tener en cuenta que cuando hablamos de detergentes nos estamos refiriendo a un producto mezcla de muchas sustancias entre las que se encuentra su componente activo, muy similar al de un jabón ya que su molécula tiene también una larga cadena hidrófoba y una terminación hidrófila, lo que ocurre es que suele ser un producto sintético. Lo que ha hecho que los detergentes hayan desplazado en el mercado a los jabones es que se comportan mejor en aguas duras.

Hacer jabones caseros cada vez está más de moda. Es un proceso sencillo pero en el que hay que tener mucha precaución ya que hay que utilizar sosa cáustica la cual es muy corrosiva y además durante el proceso de fabricación de jabón las reacciones químicas que se producen hacen que la mezcla alcance altas temperaturas y vapores muy tóxicos, por lo que hay que hacerlo en lugares muy bien ventilados y siempre con protección: gafas, guantes, usar materiales de acero inoxidable…pero podéis aprovechar el aceite usado de vuestros hogares para hacer jabón de muy buena calidad y de paso reciclar este aceite que tanto contamina el medioambiente.