Aún se desconoce por qué una persona desarrolla una alergia o por qué su sistema inmunitario reacciona de manera hipersensible ante una sustancia que teóricamente debería ser inofensiva. Lo que sí se sabe es que el número de personas alérgicas es cada vez mayor, lo cual hace pensar en causas relacionadas con el entorno o el estilo de vida, entre otras.

Las causas de que una persona sea alérgica son diversas y entre los factores de riesgo principales se encuentran los siguientes:

  • shutterstock_104648225Genética: La alergia puede tener origen hereditario, aunque no se hereda una alergia en particular sino más bien la predisposición a ser alérgico a esa sustancia o a alguna otra. Por ejemplo, si un padre es alérgico a los cacahuetes esto no quiere decir que su hijo vaya a ser inevitablemente alérgico a los cacahuetes, pero sí existe cierta tendencia a que pueda ser alérgico a algún tipo de alimento, de medicamento, a los ácaros del polvo o a alguna otra sustancia, aunque también puede ocurrir que el hijo nunca sufra de ninguna alergia. Como es lógico pensar, esta tendencia será mayor si el padre y la madre sufren alergia que si sólo la sufre uno de ellos. Sin embargo, parece ser que la probabilidad de desarrollar alergia es mayor si es la madre quien la padece.
  • Exposición ambiental: Hay más personas alérgicas en las regiones industrializadas que en las regiones rurales. Ello puede deberse a la gran cantidad de emisiones generadas por automóviles, calefacciones, chimeneas industriales, etc. Estas emisiones liberan compuestos de tipo dióxido y monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y azufre, además de partículas en suspensión que desencadenan o agravan procesos alérgicos respiratorios como el asma.  Pero esta contaminación ambiental también afecta a los alérgicos en la medida en que altera la fisiología de las plantas, produciendo un polen más agresivo y que afecta a las personas alérgicas con mayor virulencia.
  • Tabaquismo: Los componentes del tabaco no sólo pueden provocar alergia por sí mismos, sino que también dañan las vías respiratorias, lo que hace que las sustancias que provocan alergia penetren en el organismo más fácilmente. Una vez instaurada la alergia, el tabaco agrava y agudiza las crisis alérgicas, sobre todo el asma y la rinitis. Además, el humo del tabaco sería el mayor contaminante dentro de la vivienda de un fumador, por lo que los niños expuestos a este humo tienen mayor tendencia a sufrir alergia y asma, además del resto de efectos nocivos asociados al tabaco.
  • Exceso de higiene: También en las regiones más industrializadas y desarrolladas se tiende a esterilizar todo lo que esté en contacto con los niños pequeños. Aunque obviamente es bueno mantener un entorno limpio, no siempre lo es extremar tanto las condiciones de higiene. ¿Por qué, si en teoría es bueno mantener a los bebés alejados de los virus, bacterias y parásitos del ambiente? Sencillamente, porque el sistema inmunitario, que es el que defiende a nuestro cuerpo frente a agresiones de pequeños organismos externos, se vuelve vago e inmaduro al no enfrentarse a esos organismos del entorno que, por el contacto sucesivo lo entrenan y fortalecen. Por otro lado, al esterilizar en exceso todo lo que rodea a los niños se impide que las bacterias beneficiosas proliferen y ayuden a protegerlos. Como consecuencia de todo ello se producen desajustes en el sistema inmunitario que acaban produciendo alergias.
  • Alimentación: En los últimos años hemos sufrido cambios en nuestros hábitos alimenticios que nos hacen más susceptibles de sufrir alergia. Estos nuevos hábitos están relacionados con la aparición de productos diferentes en los mercados, mayor consumo de comida preparada, utilización de aditivos, mayor acceso a alimentos exóticos, etc. En muchas ocasiones, las alergias alimentarias aparecen en la infancia cuando se introducen sucesivamente nuevos alimentos en la dieta del niño. Ocurre a veces que en bebés de padres alérgicos se introduce la leche de vaca cuando el sistema inmune del niño no está todavía maduro, provocándole una alergia que, aunque en un principio sólo es alimentaria, puede acabar también teniendo consecuencias respiratorias. Por eso es muy importante extremar las precauciones a la hora de introducir nuevos alimentos en este tipo de niños.

Éstas son las principales causas desencadenantes de alergia, pero puede haber muchas otras como la predisposición racial, el haber sufrido o no determinadas infecciones en la infancia, el estar expuesto en el trabajo a determinadas sustancias que, por contacto sucesivo, provocan hipersensibilidad, o incluso determinados estados anímicos o depresivos.