Pues he de reconocer que lo de “renovarse o morir” es totalmente cierto…Hemos crecido rodeados de frases tan míticas como “ tápate la boca o cogerás un catarro ”, “ no te tragues el chicle que se te quedará pegado en el estómago ” y sobre la que vamos a hablar hoy: “ tómate un vaso de agua con azúcar después de hacer deporte y así no tendrás agujetas ”.

 

Las agujetas, nombre coloquial de la mialgia diferida, son dolores musculares que aparecen tras la práctica de algún deporte, o simplemente por la realización de algún movimiento repetitivo, ¿o es que mover cajas en una mudanza no produce agujetas? Además de algún que otro quebradero de cabeza…pero en fin, sigamos. Estos molestos dolores musculares son similares al que producirían pequeñas agujas que se nos clavan cada vez que nos movemos (de ahí el nombre) y pueden llegan a ser muy intensos. Este dolor suele desaparecer a los tres días.

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Pues bien, desde hace mucho tiempo se ha creído que las agujetas se producían por la acumulación de cristales de ácido láctico en las fibras musculares y por eso se pensaba que un buen remedio para prevenirlas era la ingesta de azúcar. Él ácido láctico, no obstante, es resultante del metabolismo normal del azúcar y es, en gran parte, el culpable de que durante una sesión de ejercicio empecemos a sentirnos fatigados o incluso que lleguemos a parar nuestro ejercicio. El ácido láctico proviene de la descomposición de glucosa cuando no hay presente oxígeno (metabolismo glucolítico), es decir, en un ejercicio anaeróbico como sería el levantar pesas o correr a velocidad elevada, donde hay mucha intensidad y poca duración. En condiciones normales ese ácido láctico y cuando estamos entrenados se reutiliza y no hay mayor problema, pero cuando seguimos con intensidad un ejercicio, el ácido láctico comenzará a acumularse al no darle tiempo al organismo a retirarlo. Esto provoca la acidificación de fibras musculares, que tiene dos consecuencias importantes:

-Se inhiben las enzimas encargadas de romper la molécula de glucosa para obtener energía, por lo que se nos cierra el grifo energético de esta vía y como sabemos, si no hay energía, no nos podemos mover

-Se impide que el calcio se una a las fibras musculares y para provocar la contracción muscular.

Por tanto, cuando hay mucho ácido láctico en el cuerpo, no tenemos ni energía ni capacidad para contraer los músculos, esto no es otra cosa que fatiga y lo mejor que podemos hacer es parar el ejercicio o actividad.

¿Cómo podemos evitar el ácido láctico? con entrenamiento, no hay más. A base de entrenar, el organismo despliega mecanismo adaptativos que hace que el ácido láctico no se acumule tan rápidamente y si comienza a hacerlo, el músculo lo soporte de forma más efectiva.

Y entonces, ¿qué provoca las agujetas? Estudios recientes realizados mediante biopsia muscular han permitido observar que las agujetas se producen por las contracciones que tensionan de forma demasiado agresiva el músculo y que en personas que no están habituadas al ejercicio practicado provoca micro roturas en las fibras musculares. Por lo que si quieres evitarlas lo mejor es ser precavido y preparar nuestro entrenamiento sin aumentos bruscos de intensidad del ejercicio. Además, las primeras sesiones de cualquier nuevo entrenamiento no deberían ser muy intensas.