Hasta ahora este nombre había quedado relegado a la tarea desinteresada de unos cuantos científicos, médicos, profesionales sanitarios, voluntarios y ONG’s. Ahora sale a la luz en diarios y medios de comunicación, formando parte de una historia extraordinaria, alrededor de la lucha pertinaz frente a una enfermedad, la malaria, que mata en nuestros días a millones de personas en varios de los países más pobres y devastados del mundo.

 

No es mi intención reflejar el drama de esta enfermedad desde el punto de vista numérico, creo que está en la mente de todos que estamos hablando de una de las epidemias más graves que asolan a nuestro planeta, junto al SIDA, el dengue o el avance de la tuberculosis multiresistente.

Tampoco me corresponde hablar de los entresijos de este proceso infeccioso, ni tan siquiera de las dificultades que origina abordar una infección provocada por un organismo complejo como es el caso de un parásito, su prevención mediante barreras físicas, químicas o biológicas o su tratamiento mediante fármacos más o menos innovadores; para hablar de todo esto quedan los expertos, los investigadores y los científicos, y en Knowi ya hemos hablado de ello.

De lo que sí me gustaría hablar en estas líneas es de las sensaciones que se producen cuando tienes la enorme suerte de visitar un lugar como Ifakara, en el corazón de Tanzania.

shutterstock_120214795En una ocasión tuve la oportunidad de viajar a este lugar, en concreto al Centro de Enfermedades Tropicales de Ifakara, proyecto desarrollado por el Instituto Tropical Suizo donde entre otras iniciativas, se trabaja en programas de acceso a medicamentos frente a enfermedades de alta prevalencia y mortalidad, entre ellas la malaria.

Esta iniciativa gestionada por el propio Instituto, junto con el Ministerio de Sanidad tanzano, la Agencia Suiza de Cooperación y Desarrollo y la Fundación Novartis para el Desarrollo Sostenible merece notoriedad, aplauso y reconocimiento, por eso lo traigo a colación.

El Instituto Tropical Suizo es una organización altruista que cuenta con más de 40 años de historia a sus espaldas, plagada de colaboraciones con instituciones internacionales, gobiernos, ONG’s, etc… desarrolla programas de formación de expertos en manejo de enfermedades tropicales, de acceso a medicamentos y de promoción y cuidado de la salud vinculados a un desarrollo social sostenible.

Pero aun siendo importante este hecho, creo que lo más relevante, al menos desde mi punto de vista, es la suma de voluntades y esfuerzos ante un objetivo común, el ser humano, sin apellidos, sin matices, sin reservas. Cuando las organizaciones internacionales o locales, el tercer sector (ONG’s, asociaciones y organizaciones humanitarias…), los gobiernos, las empresas, los individuos la sociedad en su conjunto se conciencian de una necesidad y decide hacerle frente, no hay fuerza mayor ni destreza que iguale a tanta energía puesta en un mismo sentido, para atajar un fin y generar un bien común.

Imagino que todo este compendio, este sumatorio de esfuerzos, este modelo, es el que dio como resultado que el jurado de los premios Príncipe de Asturias del año 2008 les reconociera su enorme aportación a la humanidad bajo el epígrafe de “Premio Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional”.

No querría cerrar esta reflexión sin enfatizar la importancia de la RSE (Responsabilidad Social) en las organizaciones. Todos sabemos que un elemento constitutivo, no el único, de una estrategia auténtica de responsabilidad social, se basa en sus planes y acciones estratégicas de acción social a largo plazo, desarrolladas mediante consenso y en colaboración con terceras partes.

Este ejemplo de Ifakara puede servir como un “botón de muestra” de que la implantación de sistemas de gestión ética en las organizaciones que fomenten la cooperación institucional, no solo ayudan a crear mejores entornos laborales y sociales en el plano local, sino que si se ejerce de verdad y con solidez y no son “conjuntos vacíos”, terminan contribuyendo a generar un mundo mejor, un planeta más habitable, más sostenible en definitiva.

Bienvenido sea este esfuerzo y este reconocimiento a la responsabilidad y compromiso de todos aquellos que hacen hoy posible las diferentes “Ifakaras” que están repartidas por todo el mundo.