Llegan las bajas temperaturas y nuestro cuerpo se resiente, las defensas bajas y los catarros y gripes acechan tras cada esquina. Una manera muy sencilla, saludable y sabrosa de alimentarse es introducir en tu dieta los purés, ya sean de verduras o de legumbres. Nos aportan muchas vitaminas y hacen que estemos más cerca de tener una dieta saludable.

 

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Sopa de tomate con perejil, deliciosa y repleta de nutrientes.

Y ahora que el culto a la salud ha llegado para quedarse, los purés y cremas cobran peso en las cartas y menús de restaurantes. Además en España tenemos la suerte de poder disfrutar de la mejor huerta del mundo, con hortalizas y verduras de altísima calidad, que bien tratadas pueden dar lugar a auténticos manjares que servirán para reforzar nuestra salud, ayudarnos a mantener la dieta y disfrutar de las comidas. Además, y muy importante, hacer un puré es lo más fácil del mundo…cualquiera, y digo bien, puede hacerlo. Aquí os damos una lista con las propiedades de los purés o cremas y unas instrucciones básicas para poder hacerlos en casa, aunque siempre es mejor con supervisión de una madre…

-Los purés de verduras nos aportan fibra y una gran cantidad de agua y vitaminas, con lo cual estaremos fortaleciendo nuestras defensas sin pasarnos con el tema de las calorías.

-Los hidratos de la patata, que normalmente se le suele echar a cualquier puré, nos darán energía.

-Si recurrimos a las legumbres nos encontraremos con un auténtico cóctel de salud: nos ofrecen proteínas, hidratos de carbono, fibra, vitaminas y minerales. Los purés de lentejas y garbanzos se suelen llevar la palma. Y si además consigues un puré sabroso sin recurrir a la nata (muchos la llevan), será aún mejor.

-Son la mejor opción para personas con problemas de masticación, ya sean personas mayores o niños.

-Aliados contra el frío. Bajan las temperaturas y un buen plato caliente nos ayuda a entrar en calor.

Y una vez que te decides por los purés sólo tienes que pensar cuáles son los que más te gustan, comprar verduras de buena calidad, lavarlas a conciencia, y a cocinar. El procedimiento es de lo más sencillo. Se lavan las verduras, se pelan, y se cuecen en agua. Una vez que están cocidas, las pasamos por la batidora y les añadimos la cantidad de sal que consideremos (cuanto menos mejor). Mucha gente les echa leche o nata, si lo hacemos tendremos que tener en cuenta que tendrán más calorías y que un intolerante a la lactosa no podrá degustar nuestro plato. Calabaza, tomates, berenjena, patata, zanahoria, garbanzos, lentejas…prueba con todos y disfrútalos.


Lorena Pérez

Lorena Pérez

Licenciada en Periodismo, lleva diez años escribiendo en distintos medios sobre salud, ocio y cine. Aficionada a la buena cocina y la buena comida (sólo si es sin gluten), deportista y cinéfila sin remedio, se acerca al mundo de la salud desde un punto de vista amable y riguroso, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los lectores de Knowi.