Siempre centrándome en el cuerpo humano, cómo funciona, el por qué de ciertos procesos…pero en la Tierra hay muchos más seres vivos aparte de nosotros, y dentro de éstos hay unos en concreto sin lo que no podríamos sobrevivir y a los que apenas se les presta atención: las plantas.

 

Las plantas pertenecen al reino Plantae, y poniéndome nivel bióloga Ana Obregón, en biología se denomina plantas a los seres vivos fotosintéticos, sin capacidad locomotora y cuyas paredes celulares se componen principalmente de celulosa. Y aquí están las tres gran diferencias con respecto a los animales:

– Las células de las hojas de las plantas tienen cloroplastos que a su vez contienen clorofila, un pigmento de color verde necesario para realizar la fotosíntesis, proceso que permite a las plantas absorber energía a partir de la luz.

– No se desplazan, lo que no es lo mismo que moverse. Los girasoles se mueven según la dirección en la que esté el sol, las plantas carnívoras que reaccionan en segundos frente a un estímulo externo, algunas flores que se cierran durante la noche…a este tipo de movimientos se les denomina tropismos.

– Las paredes de sus células están compuestas por celulosa, un polisacárido (unión de muchos azúcares) estructural, ya que forma parte de los tejidos de sostén. Es curioso que a pesar de que está formada por glucosas, los animales no pueden utilizar la celulosa como fuente de energía, ya que no cuentan con la celulasa, la enzima necesaria para romper los enlaces que unen las moléculas de glucosa y por ello los animales no pueden digerirla. Sin embargo, es importante incluirla en la dieta humana (fibra dietética) porque al mezclarse con las heces facilita la digestión y ayuda con el estreñimiento. En el aparato digestivo de los rumiantes y de otros herbívoros y de termitas, existen microorganismos simbiontes que sí poseen celulasa y cuando este polisacárido es hidrolizado quedan disponibles las moléculas de glucosas como fuente de energía. La celulosa constituye la materia prima del papel y de los tejidos de fibras naturales.

shutterstock_163381562Pero centrémonos en el hecho de por qué en estas fechas se pueden observar paisajes tan alucinantes en cualquiera de nuestras escapadas al campo. Y es que los colores amarillos, naranjas y marrones predominan en nuestro entorno ya que los árboles caducifolios o de hoja caduca (aquellos que pierden las hojas) con la llegada del otoño desarrollan una estrategia biológica: desprenderse de los elementos que los conforman que consumen más de lo que producen.

Durante los meses cálidos, las hojas alimentan a los árboles proporcionándoles nutrientes a través de la fotosíntesis, que modifica la savia bruta (agua y sales minerales absorbidos por la raíces) en savia elaborada que se distribuye por toda la planta. Con la disminución de las horas de sol y de la fuerza de radiación del mismo, las hojas apenas logran energía, por lo que dejan de ser una vía de sustento.

Además, la bajada de la temperatura, sobre todo en invierno, dificulta la captación de agua y sales por las raíces, por lo que el árbol tiene que buscar reservas alimentarias en otoño y prepararse para la estación fría. Es por esto que se comienza a absorber por el tronco la clorofila de las hojas para almacenarla y las hojas se quedan de color amarillo, el segundo pigmento fotoprotector más predominante en las hojas para luego pasar al color rojizo característico debido a los pigmentos terciarios.

Luego el árbol produce una serie de células que se desarrollan en la zona de unión entre la hoja y la rama. Estas células impiden la alimentación de las hojas provocando que pierdan fuerza y, finalmente caigan fertilizando el suelo, del cual el mismo árbol se alimenta, cerrando así un círculo donde no se desaprovecha nada. Cuando termina la época invernal y las horas de luz aumentan de nuevo, las células de la zona de unión entre la hoja y la rama se disipan y dan lugar a una nueva hoja.


Sara G. Blanco

Sara G. Blanco

Bióloga de nacimiento le apasiona la naturaleza, viajar, conocer gente y comer fabada como buena asturiana que es. Especializada en biotecnología y con más de cinco años de experiencia en comunicación corporativa, aporta a Knowi frescura y dinamismo sin perder su visión científica.