Un estudio publicado en la revista científica “Annals of Internal Medicine” pone en entredicho que las dietas ricas en grasas sean las culpables del colesterol malo.

El estudio muestra que las cifras de colesterol malo o LDL se incrementan en mayor proporción cuando aumentamos en nuestra dieta la proporción de hidratos de carbono en relación con el nivel de proteínas y grasas ingeridas.

Leer más

Poniendo en tela de juicio la importancia de las dietas ricas en grasas en la génesis de problemas cardiovasculares relacionados con el colesterol malo.

La arterioesclerosis es un proceso común que se traduce en el depósito de colesterol asociado a las lipoproteínas LDL, colesterol malo, el cual se deposita en forma de placas de ateroma, que al oxidarse generan estímulos por el que se provoca un proceso relacionado con la inflamación. Todo ello y de una forma simple implica la obstrucción del riego sanguíneo con todas sus consecuencias. Este mecanismo tiene otra cara asociada, es la del papel del denominado “colesterol bueno”, que viene asociado a lipoproteínas de alta densidad o HDL, complejo que se encarga de regular el depósito de ese “colesterol malo” que tanto perjudica a nuestra salud.

¿Qué tipo de alimentación aumenta los niveles de colesterol malo?

Hasta ahora se pensaba que el colesterol malo se asociaba a dietas ricas en grasa y proteínas y bajas en hidratos de carbono. El estudio que presenta la Asociación Americana del corazón muestra que más bien es al contrario, es decir, que las cifras de colesterol malo o LDL se incrementan en mayor proporción cuando aumentamos en nuestra dieta la proporción de hidratos de carbono en relación con el nivel de proteínas y grasas ingeridas. Hemos de tener en cuenta que el colesterol es fundamental para la realización de determinadas funciones vitales.

colesterol malo

Este estudio sobre los causantes del aumento del colesterol malo o LDL puede suponer un cambio muy importante en el ámbito de la nutrición.

Estas afirmaciones vienen refrendadas por los hallazgos encontrados en el estudio realizado entre 148 personas segmentadas en dos grupos, uno en el que la dieta era rica en hidratos de carbono y un segundo en el que lo era en proteína y grasas. Los resultados mostraron un incremento del colesterol malo o LDL (Colesterol malo) en aquello que habían ingerido abundantes hidratos de carbono.

Pero no solo eso, parece ser que en los individuos incluidos en el grupo en el que la ingesta de hidratos de carbono era menor, la pérdida de peso fue mayor, asociada a además a una pérdida de grasa y conservando la masa muscular; mientras que los del otro grupo con una ingesta de hidratos de carbono mayor en detrimento de la proporción de proteínas y grasa ingeridas, presentaban una pérdida de peso menor, a costa sobretodo de una mayor pérdida de masa muscular que de grasa. Los dos grupos disminuyeron sus cifras de colesterol LDL, pero en los que tomaron una menor proporción de hidratos de carbono la disminución fue mayor, asociada además a una bajada de triglicéridos y a un mayor incremento del colesterol HDL (Colesterol bueno).

La fórmula denominada de “Framingham”, consecuencia de un amplio estudio del mismo nombre realizado hace años y que representa el paradigma en cuanto al riesgo cardiovascular, calcula entre otros parámetros el riesgo de sufrir un ataque al corazón en los próximos 10 años. Los participantes en este estudio de la “American Hearth Association” que siguieron una dieta baja en carbohidratos y alta en grasa y proteínas vieron reducido su riesgo, mientras que los que siguieron una dieta baja en grasa, no.

Parece ser que la hipótesis lipídica propuesta hace años por el investigador de Minnesota Ancel Keys, autor del llamado “estudio de los siete países” un estudio realizado a lo largo de 15 años en diversos países, ha tenido abundantes seguidores, es evidente, pero también detractores y si los datos que hoy conocemos son ratificados por la comunidad científica, sin duda que además del cambio en el ámbito de la nutrición, otros factores de riesgo cardiovascular evidentes como el tabaco, el estrés, la diabetes el sedentarismo, la distribución de la grasa corporal, etc… adquirirán todavía mayor relevancia si cabe.

Posiblemente sea necesario profundizar más en esta línea de investigación tratando de refrendar con más datos lo que hoy se afirma, ya que supone un cambio radical de paradigma a la hora de recomendar prácticas saludables relacionadas con la nutrición en el futuro. Entre tanto como decimos en Knowi, prevenir es mejor que tener que curar y en este caso la mejor forma de hacerlo es con una dieta equilibrada en nutrientes que incluya fibra y que evite el sobrepeso y la obesidad, junto a un programa individualizado de ejercicio saludable y unas costumbres sanas alejando el estrés, el tabaco y el alcohol de nuestras vidas (salvo una copita de vino tinto durante la comida que se ha demostrado que es cardiosaludable).

Ocultar