La población mundial de las personas de 60 años o más será más del doble, de 542 millones en 1995 a alrededor de 1.200 millones en 2025. Se estima que entre el 4% y el 6% de las personas mayores de todo el mundo han sufrido alguna forma de abuso y maltrato. El maltrato de las personas de edad puede llevar a graves lesiones físicas y tener consecuencias psicológicos a largo plazo. Los malos tratos a las personas de edad se prevé que aumentarán dado que en muchos países el envejecimiento de la población es rápido. El maltrato de las personas mayores es un problema social mundial que afecta la salud y los Derechos Humanos de millones de personas mayores en todo el mundo y es un problema que merece la atención de la comunidad internacional.

Según apuntan los expertos, el maltrato al mayor se define como una conducta destructiva contra una persona mayor que ocurre en el contexto de una relación que denota confianza y reviste suficiente intensidad para producir efectos nocivos de carácter físico, psicológico, social o financiero, que provocan sufrimiento innecesario, lesión, dolor, pérdida o disminución de los derechos humanos y disminución de la calidad de vida para la persona mayor.

Dentro de la categoría general de “maltrato hacia las personas mayores” se incluyen varios tipos, destacando entre ellos el maltrato físico golpes, pellizcos, empujones, patadas, quemaduras, castigos físicos, latigazos, uso inapropiado de fármacos, (restricciones físicas, ingesta forzada), psicológico (coacción, insultos, menosprecio, infravaloración, descalificación o conductas de dominio e imposición), económico (uso ilegal o impropio de todos o algunos de los fondos económicos, bienes, propiedades o posesiones del anciano), sexual (tocamientos, hacer fotografías impúdicas sin consentimiento, violación, desnudez forzada), la negligencia (deficiencias en la provisión de comida, bebida, ropa, higiene, aseo, refugio, medicación o seguridad), el abandono o deamparo y la autonegligencia achacable al propio anciano y no tanto a su cuidador.

El maltrato más común a las personas mayores es el maltrato por negligencia: descuido en la higiene, de la alimentación, entre otras.

El más común es el maltrato por negligencia (descuido en la higiene, la alimentación, entre otras) y se distribuye por igual en todas las clases sociales y económicas. Un importante porcentaje de maltratadores son los propios hijos y, en muchos casos, con la connivencia de los cónyuges. Se producen más en los domicilios que en las residencias públicas o privadas.

Aunque hay casos de abuso deliberado, la causa más normal es el abandono por razones económicas, falta de medios o por masificación en las residencias con falta de personal. Según el colectivo médico, hay que tener en mente el problema para ser capaces de detectarlo y, por tanto, de reducir las tasas de infradiagnóstico que se producen en los ancianos. Si no hay lesiones evidentes, los mayores difícilmente van a expresar este problema.

Se ha de sospechar abuso o maltrato hacia el anciano cuando, además de estos signos o situaciones, se asocian ciertas reacciones de la persona mayor y/o sus cuidadores.

Las manifestaciones más frecuentes de este tipo de tropelías suele ser la ansiedad y/o depresión, el deterioro cognitivo, temor evidente al cuidador o a la persona de quien dependa, escasa comunicación, mirada huidiza, introspección, ambivalencias en el terreno afectivo y situacional. Por su parte el cuidador puede tener un perfil donde el estrés o la depresión hayan acampado, excesiva preocupación por los gastos inferidos por el anciano, dependencia económica de la persona de edad, autoritario con actitudes agresivas para con el anciano, indiferencia ante la situación, puede haber concomitancias en cuanto a bebidas alcohólicas y abuso de drogas, explicaciones y datos inconsistentes cuando tratan de justificar una situación de abuso.

Ante una sintomatología de este tipo, es muy probable que nos encontremos ante una situación de maltrato hacia una persona anciana, que debe explorarse para ponerla de manifiesto, tratar de solucionarla y revertir sus efectos.

“Es nuestro deber para con las personas de edad y la sociedad en general combatir la discriminación por razones de edad en todas sus formas y promover la dignidad y los derechos humanos de las personas de edad en todo el mundo”, ha expresado el Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-moon.