El síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) es un proceso infecto-contagioso producido por el virus del VIH o virus de la inmunodeficiencia humana. A estas alturas el proceso es suficientemente conocido en cuanto a su forma de transmisión y también respecto a sus consecuencias, si bien hemos de tener en cuenta que se han producido enormes avances en los últimos años tanto en el plano del diagnóstico como en el del tratamiento y el pronóstico.

A pesar de que la enfermedad se ha cronificado,  no está de más advertir que el virus del VIH se transmite a través de nuestros fluidos, fundamentalmente la sangre, el semen, el flujo vaginal, leche materna, por lo que su transmisión se asocia en ocasiones a transfusiones (las menos debido a los estrictos mecanismos de control de plasma y hemoderivados), el uso compartido de jeringuillas en personas adictas a drogas (se ha disminuido notablemente esta forma de transmisión debido a los programas de prevención específicos con el uso de jeringuillas desechables), la práctica de sexo sin protección (tanto en heterosexuales como en homosexuales), el uso compartido de utensilios de baño o la transmisión de la madre al bebé a través de la leche materna fundamentalmente, es decir mediante todas aquellas prácticas que impliquen contacto con fluidos corporales infectados.

Es importante insistir en la epidemiología y forma de transmisión, especialmente a la hora de practicar sexo sin protección, una consecuencia de los avances en el diagnóstico y sobretodo en la terapéutica antirretroviral es la posible relajación en las medidas de prevención, puesto que ha pasado de ser una infección que podía tener un pronóstico infausto, a transformarse en un proceso crónico que precisa de tratamiento prolongado.

VIH, SIDA

Para concienciar a la población en la lucha contra el VIH todos los años el 1 de diciembre se celebra el Día Mundial de la Lucha Contra el SIDA.

Este fenómeno de “switch” o de cambio actitudinal motivado por una cierta pérdida del miedo a contraer la enfermedad, nos ha de poner especialmente en alerta, porque es cuando podemos ver un recrudecimiento de la infección, especialmente en determinados grupos de edad como es la población más joven, donde existe una mayor promiscuidad y donde las practicas de prevención a la hora de practicar sexo a veces “brillan por su ausencia”, es decir, el preservativo permanece en la caja en vez de ser utilizado en condiciones adecuadas, siguiendo las recomendaciones.

Recientemente CESIDA (Coordinadora Estatal de VIH y SIDA) ha advertido de que la mitad de los infectados acceden tarde al tratamiento, una vez que no suelen acudir a hacerse la prueba hasta que no aparecen los primeros síntomas de la infección. Esto es tan así, como que una de cada tres personas infectadas por VIH desconoce su situación.

El retraso a la hora de realizarse el test puede ser debido a varios motivos, obstáculos en la oferta o en el acceso, dificultades a la hora de realizarla, o retrasos y complicaciones al tratar de implantar y adaptar la directiva comunitaria a las diferentes legislaciones nacionales.

Se calcula que un tercio de los 2,3 millones de personas que viven con VIH en Europa no conocen su estado. En España se diagnostican cada año cerca de 4.000 nuevas infecciones. En la actualidad existen 150.000 personas infectadas por el VIH; de éstas una de cada cinco desconoce su estado, unas 30.000 personas.

La proporción de personas de otras nacionalidades infectadas por VIH ha ido aumentando progresivamente y hoy ya suponen el 38 por ciento de los casos. Tras los propios españoles, la comunidad más afectada es la latinoamericana afincada en nuestro país (2 de cada 10 diagnosticados), por otra parte el 60 por ciento de nuevas transmisiones se dan en mujeres inmigrantes. El 18 por ciento de los nuevos diagnósticos de infección por el virus VIH se produjo en personas originarias de países latinoamericanos y, de ellos, el 57 por ciento corresponde a varones que mantienen relaciones de homosexualidad.