Hacer senderismo puede ser una actividad sumamente gratificante al alcance de todos, pero practicarlo sin las debidas precauciones nos puede producir molestias y lesiones que terminen por complicar esta agradable práctica deportiva.

Una de las actividades al aire libre que últimamente congrega a más adeptos, especialmente en la época de vacaciones es la de iniciar rutas y practicar senderismo por los parajes más diversos de nuestra geografía. Una experiencia probablemente inigualable y que reúne a personas de diferentes procedencias y nacionalidades es la realización del Camino de Santiago en sus diferentes versiones y de los modos más diversos, desde los que lo hacen completo hasta los que cada año realizan un trecho.

Para la práctica de esta actividad deportiva es fundamental una serie de consejos que aparecen en muchas guías de senderismo, son precauciones que debemos de tomar antes de iniciar la ruta para evitar males mayores que nos impidan culminar nuestro objetivo y además nos eviten molestias y contratiempos que sin duda pueden dar al traste con nuestras intenciones.

Antes de iniciar el recorrido es aconsejable saber el tipo de terreno que vamos a patear, si es asfalto, hormigón, pistas agrícolas, gravilla suelta, pedregoso, suelos terrizos, arcillosos o calizos, etc. Lo importante respecto al calzado es que este sea flexible, especialmente la suela, que transpire, no muy pesado y que además dote al pie de una buena estabilidad. Estas características las aportan las conocidas como botas de trekking que ajustan el tobillo evitando en cierto modo las consabidas torceduras y sus consecuencias aún peores como las luxaciones, los esguinces o incluso las fracturas en esa zona. Están especialmente indicadas para realizar senderismo por zonas de montaña con suelos inestables, irregulares y escarpados. En el caso de que la caminata sea por asfalto, pistas y caminos es mejor utilizar las zapatillas de trekking puesto que no recalientan tanto el pie y son menos pesadas.

Si además el material de que está hecha la bota o la zapatilla es de Gore Tex, nos permitirá mantener el pie seco puesto que nos evitará tanto la humedad que pueda provenir del exterior como la que surge fruto de la transpiración normal.

Respecto a los calcetines, y si la travesía va a ser larga afirman los expertos que por muy transpirables que sean las botas o las zapatillas, si los calcetines son de algodón o de lana, se irán empapando a lo largo de la caminata, generando en el pie roces que a su vez producirán las molestas ampollas. Hay quienes utilizan todo tipo de trucos: doble calcetín, costuras hacia afuera… pero la única garantía de transpirabilidad y de que el pie se mantenga seco es la que dan los calcetines de fibras Coolmax (una fibra sintética que gestiona y expulsa la humedad manteniendo el pie fresco y seco). Es necesario también que en la composición se incluya una parte de poliamida, que evita el desgaste y da consistencia y durabilidad al calcetín. Por último, deben tener un pequeño porcentaje de lycra para una óptima sujeción al pie.

Por último y además de adecuar nuestra indumentaria al tiempo al que nos vayamos a enfrentar con las previsiones lógicas en cada caso es muy importante llevar una mochila adecuada a nuestras necesidades sin sobrecargarla con elementos innecesarios, una vez llena no debería superar el 10% del peso del caminante que la porte, ajustando las correas de forma que el peso descanse sobre la espalda y no tire de los hombros. Un buen par de bastones nos ayudarán a mejorar el equilibrio evitándonos lesiones en rodillas y tobillos, mejorarán nuestra seguridad y rendimiento especialmente en montaña.

En cualquier caso antes de iniciarse en el senderismo, es conveniente acudir al podólogo para realizar un estudio biomecánico previo y si se detecta una patología hay que corregirla antes de sufrir sus molestas consecuencias.