De un tiempo a esta parte se ha generalizado el uso de sérum en las rutinas cosméticas. Las marcas de belleza han ido ofertando una gran cantidad de ellos, específicos para las necesidades de cada piel.

Un sérum (o suero) es un tratamiento cosmético condensado. Tiene mayor concentración de principios activos, y por tanto, son más efectivos a la hora de enfrentarse a las diferentes necesidades de cada piel (hidratación, nutrición, luminosidad, reducción de poros, etc). El sérum completa nuestra rutina y nuestro cuidado de una forma sencilla. Su precio es más alto que el de un cosmético básico como puede ser la hidratante, pero al utilizarse en pequeñas cantidades, cunden mucho. La textura y el tacto de la mayoría de ellos es mucho más ligera que la de una crema, por eso son muy agradables de usar hasta para las pieles más grasas.

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El sérum se ha posicionado como uno de los cosméticos estrella

De unos años a esta parte, se ha ido diversificando de tal manera la oferta de sérum que podemos encontrar en el mercado gran variedad, por lo que te recomendamos que para acertar en tu elección acudas a un centro de belleza o a una tienda especializada en cosmética o farmacia y que les expliques cómo notas que es tu piel para que te aconsejen de la mejor manera posible.

Otra versión de los sérum es la de “efecto flash”: cosméticos diseñados para utilizar en momentos especiales, en que nos interesa mejorar el aspecto cansado y apagado de nuestra piel. Algunos de ellos se venden en formatos monodosis y son muy prácticos.

También podemos encontrar serums para el contorno de ojos, de manera que reforzamos el cuidado de esta zona de la piel. Igualmente también hay para mantener nuestro pelo sano y brillante.

La mayoría de ellos vienen con un dosificador incorporado que nos permite utilizar 3-4 gotas para todo el rostro, cuello y escote (recordar que los cuidados de nuestro rostro tienen que hacerse extensibles a estas otras dos partes de nuestro cuerpo). Es importante no sobrepasar la cantidad recomendada por el fabricante para obtener el efecto deseado y también para evitar que nuestra piel se acostumbre a ese exceso de principio activo y nos produzca un “efecto rebote” al terminar el tratamiento o cambiar de marca.

El momento de uso es después de la limpieza, y antes de nuestra hidratante habitual (aunque algunos permiten incluso prescindir de ella). Podemos utilizarlos mañana y noche, aunque también existen algunos específicos para cada momento de nuestras rutinas faciales. Por ejemplo, podría utilizarse un serum luminosidad por las mañanas, antes de la hidratante y el maquillaje, y otro antiedad por la noche.

Pese a que ya hemos destacado que hay una oferta variada, y por tanto, podemos encontrar el que nos vaya bien según edades y necesidades específicas de la piel, a partir de los 30 años, los beneficios de incluirlos en nuestra rutina, al menos una vez al día, se notan muchísimo.