El hipotiroidismo es un problema endocrinológico de primer nivel que afecta a buena parte de la población, especialmente a mujeres y su instauración causa tanto alteraciones somáticas como psicológicas que ponen en un compromiso a la calidad de vida de las pacientes.

El hipotiroidismo generalizado es una afección endocrinológica caracterizada por una disminución de hormona tiroidea, esta carencia se puede deber a una alteración en la propia glándula tiroidea, en la hipófisis o en el hipotálamo. Las causas del hipotiroidismo son múltiples, distinguiéndose principalmente el hipotiroidismo primario del secundario. Los cuadros de hipotiroidismo de causa genética poseen una frecuencia de entre 1:4000 y 1:9000 nacidos vivos, mientras que aquellos debidos a causas ambientales se encuentran entre 1% y 3% de la población.

La prevalencia del hipotiroidismo varía según el lugar geográfico y la población de que se trate, normalmente se admite que entre el 1 y el 3 % de la población general presenta rasgos de hipotiroidismo más o menos intenso, con niveles de TSH o tiroiditis autoinmune. La prevalencia del denominado hipotiroidismo congénito es de uno cada 5000 recién nacidos vivos. El hipotiroidismo espontáneo ocurre en una de cada 1000 mujeres año, siendo más frecuente en el sexo femenino que en el varón en una proporción 4/1.

Las causas pueden ser múltiples, desde tumores primarios, pasando por infartos o necrosis isquémicas glandulares, procesos autoinmunes, infecciosos e inflamatorios, abcesos o sarcoidosis; enfermedades infiltrantes como las hemocromatosis e histiocitosis, por causa no bien definida o idiopática, por traumatismos, metabólicos o por iatrogenia. La insuficiencia de la propia glándula tiroidea constituye el 95% de los casos.

Los signos y los síntomas que acompañan y definen a este procesos suelen ser insidiosos y se caracterizan por intolerancia al frío, fatiga o sentirse lento, debilidad, dolor muscular o articular, palidez o piel reseca, cabello o uñas quebradizas y débiles, alopecia, estreñimiento, pérdida de la memoria ocasional y cambios en la personalidad, tristeza o depresión, etc… el aumento de peso que puede ser también característico se puede deber a una retención anormal de líquidos y a la reducción del metabolismo. Es frecuente la aparición de parestesias en las manos, disminución de los reflejos tendinosos y en mujeres fenómenos de menorragias y amenorreas, es decir, alteraciones en el ciclo menstrual, además podemos apreciar bradicardia o enlentecimiento del ritmo cardiaco e hipertensión así como derrames de diversa consideración, intensidad y localización.

Más tardíamente puede haber edemas, alteraciones en la expresión facial y en la voz con macroglosia o engrosamiento de la lengua, ronquera, discurso lento, hinchazón de la cara, las manos y los pies, engrosamiento de la piel, adelgazamiento de las cejas, disminución del sentido del gusto y el olfato y cefaleas entre otros. En la analítica es frecuente la anemia y la hipercolesterolemia sobre todo con aumento de LDL.

El diagnóstico es fundamentalmente clínico y apoyado en datos de laboratorio como la determinación de TSH y/o de tiroxina libre – T4 -. El tratamiento se basa fundamentalmente en la administración de L-Tiroxina ajustada para alcanzar concentraciones de TSH que se sitúen en un rango más o menos normal.