La sinusitis es un problema otorrinolaringológico extremadamente frecuente que puede ser debido a múltiples causas, que van desde rinitis acompañantes a malformaciones intranasales, de los cornetes, que hacen que el drenaje de los senos que rodean a la nariz (maxilares, frontales, estmoidales o esfenoidales) retengan las secreciones que generan y se inflamen provocando un cuadro sintomático característico.

 

La sinusitis una vez que aparece se manifiesta por molestias y dolor en las zonas de referencia de los senos paranasales, frente, zona maxilar (mejillas), órbita de los ojos, nariz, junto a rinorrea o secreción nasal que en ocasiones suele ser viscosa y verduzca, todo ello debido a la rinosinusitis que la origina.

En general las sinusitis suelen ser de aparición aguda, pero hay casos en los que este problema se cronifica y esto ocurre especialmente en aquellas situaciones en las que hay malformaciones de las fosas nasales con el consiguiente drenaje anómalo de los senos paranasales. También la sinusitis crónica puede aparecer en el curso de algunas enfermedades respiratorias de naturaleza idiopática o de causa desconocida.

En niños es frecuente la aparición de sinusitis agudas debidas a las denominadas “vegetaciones”, que no son otra cosa que la hipertrofia de la glándula adenoidea faríngea (amígdala faríngea) como consecuencia del desarrollo del sistema inmunitario. Este problema suele desaparecer en ese rango de edad infantil en torno a los 8 ó 9 años en que las amígdalas faríngeas adquieren su tamaño normal.

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En niños, cuando la sinusitis se debe a las “vegetaciones”,  la sinusitis suele desaparecer entre los 8 ó 9 años.

Hay dos tipos de sinusitis: la sinusitis aguda, que es cuando los síntomas están presentes cuatro semanas o menos y la sinusitis crónica, que ocurre cuando la hinchazón y la inflamación de los senos paranasales están presentes más de tres meses.

La sintomatología más frecuente de la sinusitis incluye varios síntomas en dependencia del seno afectado: mal aliento o pérdida del sentido del olfato, tos que generalmente empeora por la noche, fatiga y sensación de malestar general si es que aparece la fiebre por sobreinfección, dolor que en dependencia de dónde aparezca la sinusitis puede ser, dolor de cabeza (cefalea), dolor con sensación de presión, dolor detrás de los ojos, sensación de dolor de muelas o sensibilidad facial, congestión y secreción nasal, dolor de garganta y “goteo” retronasal.

Para prevenir y tratar la aparición de este proceso los expertos recomiendan:

1. Utilización de aerosoles con corticoides, y si hay una base alérgica con antihistamínicos o con vasoconstrictores, teniendo en cuenta que estos no han de usarse más allá de una semana ya que en caso contrario puede aparecer un efecto rebote agravando más el cuadro clínico.

2. Lavados intranasales con suero fisiológico que eliminen mucosidad y favorezcan el drenaje de los senos paranasales, mejorando por lo tanto la sinusitis.

3. Baños de vapor que contribuyen a fluidificar el moco y por lo tanto a despejar la nariz, favoreciendo también la evacuación de secreciones de los senos. También son útiles y por los mismos motivos la utilización de humidificadores en casa.

4. Evitar los alérgenos conocidos y que puedan ser los desencadenantes de una crisis de sinusitis de base alérgica. Es bueno apuntar que la utilización de especias picantes o el propio mentol no realizan ningún aporte benéfico a la mejoría del paciente.

5. Si tras aplicar todas estas medidas, observamos con el paso de los días que el cuadro no mejora, es necesario pensar que puede haber acantonado una bacteria o un virus que complica el cuadro, por lo cual es recomendable acudir al especialista para que evalúe la conveniencia de aplicar un tratamiento antibiótico específico.

6. En cualquier caso una exploración a conciencia mediante rinoscopia y llegado el caso mediante placas radiográficas es conveniente, especialmente en aquellas situaciones en las que el cuadro se hace repetitivo y frecuente.