La prevención de las enfermedades infecciosas mediante las vacunas es sin duda uno de los logros de la sanidad y constituye uno de los aspectos de mayor importancia en la promoción y prevención de la salud.

 

Son muchas las enfermedades infecciosas que gracias a los programas de vacunación hemos podido controlar, e incluso algunas erradicar. Es por ello que se han establecido programas universales para garantizar la vacunación de la infancia, en primer lugar, y de los adultos en segundo lugar.

shutterstock_154769528Por tanto, son las vacunas, sin duda, una de las contribuciones fundamentales a la salud y al bienestar de la población, sobre todo en los países desarrollados y lamentablemente no lo son aún en los países en vías de desarrollo, reduciendo de forma importante la incidencia de las infecciosas más prevalentes, produciéndose un cambio sustancial en la distribución de las causas de morbimortalidad, dejando a las enfermedades infecciosas en un puesto claramente inferior con respecto a las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, los accidentes, etc. De hecho muchas enfermedades infecciosas de interés actual como el sarampión, la hepatitis B, la poliomielitis, la varicela, el virus del papiloma, el rotavirus etc., que no disponen de tratamiento específico para su curación, pueden ser prevenidas mediante la vacunación, y otras de igual trascendencia sanitaria como difteria, tétanos, tos ferina, herpes, o neumococo, si bien disponen de tratamientos específicos sin embargo estos no son del todo eficaces al 100%, por lo que la vacunación juega un papel vital en el control de las mismas. En esta misma línea debemos decir que gracias a la vacunación hemos conseguido erradicar la primera enfermedad infecciosa en el mundo, la viruela, enfermedad para la que no se disponía de tratamiento específico y que gracias, sin duda, a la vacunación hemos conseguido erradicar.

De hecho la mayoría de las vacunas son muy eficaces, su eficacia oscila entre el 90 y 100%, siendo muy difícil encontrar herramientas terapéuticas tan eficaces. Teniendo en cuenta que la eficacia determina de forma objetiva que una nueva fórmula de actuación profiláctica, diagnóstica o reparadora, es más útil y beneficiosa, que perjudicial o inútil, para los propósitos que se persiguen; que la efectividad supone la medida en que una forma eficaz de actuación puede ser aplicada a todos los individuos de una determinada población que podrían beneficiarse de ella y que la eficiencia establece la medida en que un determinado nivel de efectividad puede llevarse a cabo con un mínimo de gasto personal, medios y dinero; es fundamental realizar estudios para evaluar la efectividad de una vacuna una vez establecida la eficacia vacunal, “ya que al haberse realizado éstos en condiciones reales y no ideales, permiten predecir la efectividad de la vacuna en la salud pública”, afirman los expertos . “Sólo un tipo de diseño experimental, el ensayo clínico con asignación aleatoria de los individuos permite conocer la eficacia protectora de la vacuna, mientras que los estudios experimentales distintos del ensayo clínico y los estudios observacionales controlados se realizan para conocer la efectividad de la vacuna en la práctica de la salud pública” añaden.