Por fin ha llegado el frío, y no es que lo estuviera deseando, pero pensando en que nos encontramos en la temporada de las sopas, los caldos, consomé y guisos, ¿qué os parece si aprendemos a cocinar una sopa primitiva o caldo primigenio?

Este increíble “plato” tiene múltiples nombres y lo que más cabe destacar de él es que es el punto central de la hipótesis más aceptada sobre la creación de la vida en nuestro planeta. El concepto se debe al biólogo ruso Aleksandr Oparin, que en 1924 postuló la hipótesis de que el origen de la vida en la Tierra se debe a la evolución química gradual a partir de moléculas basadas en el carbono, todo ello de manera abiótica. Como aclaración, decir que en el ámbito de la biología y la ecología, el término abiótico se refiere a aquello que no es biótico, es decir, que no forma parte o no es producto de los seres vivos, como los factores inertes: climático, geológico o geográfico, presentes en el medio ambiente y que afectan a los ecosistemas. Por lo que Aleksandr Oparin se refería a que el “chup chup” que le dio el toque final a los ingredientes que había en el caldo – carbono, nitrógeno e hidrógeno mayoritariamente- fueron los rayos ultravioletas y energía eléctrica. El resultado es que se generarían unas estructuras simples de ARN, material que sigue hoy en día presente en nuestras células y es necesario para que su “hermano” famoso, el ADN, pueda actuar.

Se postula que estas moléculas luego fueron arrastradas por lluvia al entorno oceánico, caliente y de oxígeno reducido, donde la vida siguió abriéndose camino gracias a que estas moléculas se combinaron para formar proteínas, ácidos nucleicos y otros compuestos de la vida.

Lo más curioso, aunque no exento de críticas, es que se ha logrado en laboratorio la formación de moléculas orgánicas a partir de la recreación de las condiciones de aquella sopa primitiva por parte de Stanley Miller, científico de la Universidad que Chicago, que en 1953 introdujo agua, metano, amoníaco e hidrógeno en un recipiente de vidrio para simular las supuestas condiciones de la Tierra primitiva. La mezcla fue expuesta a descargas eléctricas y, una semana después, una cromatografía en papel mostró que se habían formado varios aminoácidos y otras moléculas orgánicas.

Los científicos que defienden esta hipótesis sobre el comienzo de la vida en la Tierra señalan que debió parecerse bastante al Grand Prismatic Spring del Parque de Yellowstone.


Sara G. Blanco

Sara G. Blanco

Bióloga de nacimiento le apasiona la naturaleza, viajar, conocer gente y comer fabada como buena asturiana que es. Especializada en biotecnología y con más de cinco años de experiencia en comunicación corporativa, aporta a Knowi frescura y dinamismo sin perder su visión científica.