Esta sociedad de consumo que nos envuelve, exigente, competitiva y autosuficiente nos da sorpresas con la aparición de nuevas patologías y síndromes asociados tantas veces al fenómeno de la medicina psicosomática. Cuántos problemas de salud vienen inducidos o determinados por nuestra mente, por nuestra forma de ser, por nuestra personalidad y por nuestra personal actitud ante la vida. El síndrome de la superwoman es uno de ellos.

 

El síndrome de la superwoman afecta sobre todo a mujeres, es aquel que deriva de la actitud de muchas mujeres, que bien por obligación o bien por devoción tratan de ser perfeccionistas, proactivas hasta el extremo y protagonistas de las situaciones habituales de la vida.

Son personas que lo dan todo en el trabajo y le dedican todo el tiempo sin escatimar esfuerzos en pos de un ideal, el del éxito y el reconocimiento en forma de responsabilidad. Necesitan sentirse las mejores y para conseguirlo no les duelen prendas a la hora de hipotecar otro tipo de necesidades relacionadas con el entorno social y afectivo que todo ser humano posee.

Pero no se queda ahí todo, sino que esa misma actitud la trasladan después a su entorno familiar, tratando de llegar a todo en sus respectivos hogares, el cuidado de los hijos, el mantenimiento de la casa, el control del buen funcionamiento de todos los aspectos logísticos relacionados con el ámbito más personal. Generan una necesidad que retroalimenta el sistema de perfección y protagonismo que orienta el fin último de sus vidas.

Si a todo ello le añadimos una carga cada vez más habitual, el cuidado de los mayores asociado al fenómeno creciente de la dependencia, y a todo ello le aplicamos un matiz de mantener la necesaria relación social siempre bajo ese mismo prisma de autoexigencia y añadimos una pizca de deporte y ejercicio imprescindible no solo para mantener una estética preciada y muy valorada por nuestra sociedad, sino para proteger nuestra salud, nos daremos perfecta cuenta de lo bien aplicado que está el nombre de este síndrome de “superwoman” al propio concepto.

Todo este portento y acumulo de actividad incesante tanto física como psicológica, lo que trae consigo es poner al límite, el límite de la resistencia y capacidades del ser humano. El día tiene 24 horas, no más, y de ellas una tercera parte es necesario dedicársela al reposo, además es necesario tener muy clara la denominada pirámide de Maslow que ya hemos comentado en otros artículos, en la que el ser humano necesita además de tener cumplidas sus necesidades de autoestima y reconocimiento profesional, tener bien construidas, consolidadas y cuidadas tanto sus necesidades básicas y de seguridad como su entorno personal y social, todo ello con el ánimo de mantener la estabilidad emocional imprescindible para un desarrollo armónico de la persona, es decir procurar por un equilibrio entre los rasgos psicológicos y el perfil físico y mental del individuo.

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Trata de ser feliz, nadie puede ser una auténtica superwoman sin pagar sus consecuencias físicas y mentales.

Sobredimensionar nuestras capacidades sólo nos puede acarrear problemas relacionados con el mundo de la ansiedad, la angustia y todo su cortejo sintomático en forma de insomnio, otras alteraciones del sueño como el despertar precoz o alternancia en el ritmo de sueño-vigilia, cefaleas, migrañas, nerviosismo, intranquilidad, irritabilidad, tensión, espasmos musculares, alteraciones digestivas en forma de dispepsias, alteraciones cardiorrespiratorias que pueden llegar a ser graves, etc… e incluso se pueden alcanzar estados de depresión reactiva a situaciones de sobrecarga psicológica acumulada.

El remedio es simple pero complicado a la vez, pero está en uno mismo, es reflexionar acerca de los valores que impregnan una vida y de los tiempos adecuados que hay que aplica a cada uno de ellos, tener en cuenta que la imperfección no es un defecto en sí mismo, es más es consustancial con el propio ser humano; ser realista con el tiempo y con las capacidades que posemos y ordenar nuestra vida en base a un principio básico, todo lo que hagas al final siempre pasa factura, bien en forma de recompensa o todo lo contrario, de frustración y desengaño.

Trata de delegar y confiar más en los que te rodean, no creas que eres imprescindible y que el mundo dejará de girar si no estás tú en él, al final nadie somos imprescindibles en ningún lugar y tan solo queda al final todo lo que de bueno hayas podido compartir con los que te rodean, lo demás no deja de ser vanidad, orgullo y autosuficiencia. Por importante que te creas, serán muy pocos los que trascienden a sí mismos en los tratados de historia, los demás tenemos que pensar en otras motivaciones que llenen nuestras vidas y que sin duda son mucho más importantes que la de tratar que el resto del mundo nos mire y nos admire. Trata de ser feliz, que es algo muy distinto a sentirte tranquilo calmando tu ansiedad a base del control de todo lo que te rodea y de todos los que giran a tu alrededor.