Vivimos un momento de cambio profundo en los sistemas sanitarios promovido por diferentes aspectos que están en la mente de todos, pero en esta ocasión el motivo de esta breve reflexión es sobre el papel que ocupa internet y las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) en la mejora de la información dirigida al paciente. Un paciente informado o empoderado desde luego que contribuye de forma relevante a la gestión corresponsable de su propia salud.

Muchos son los informes en los que se aprecia cómo internet va copando las primeras posiciones en cuanto a herramienta de comunicación y digo bien, de comunicación y no tan solo de información puesto que la red permite además de informar interactuar con expertos, profesionales y otras personas que se encuentran en nuestra misma situación de salud.

Bajo el concepto clásico de comunicación siempre figuran tres agentes importantes, el emisor, el canal y el receptor, pero para que esta comunicación sea realmente eficaz es fundamental que el usuario pueda ejercer su capacidad de ser proactivo y tenga la posibilidad de recibir un “feedback” a sus inquietudes y necesidades de una forma rápida, cualificada y puntual.

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Si bien es cierto esto que apuntan los expertos, no menos cierto es que vivimos en una sociedad trepidante y la oferta de entornos Web que facilitan información sobre salud es cada vez más grande y exponencial, lo cual nos lleva a varios problemas: el conflicto generado por la plétora de datos a veces divergentes, es lo que algunos denominan acertadamente como “infoxicación”; la validación de las fuentes puesto que hoy en día cualquier persona o entorno cualificado o no puede ser fuente de información y datos, de ahí que sea importante identificar los intereses que pueden subyacer en entornos con gran capacidad de influencia; por último la seguridad de la propia información también emerge dentro de este contexto como un elemento de desarrollo fundamental.

big data en salud

Estos aspectos es difícil armonizarlos puesto que la idiosincrasia de la propia red es la de la democratización de la información, la mejora de la accesibilidad y la desmonetización de sus contenidos, aspecto este fundamental que está afectando de forma notable a no pocos entornos tradicionales de enorme valor añadido en los que trabajan grandes profesionales pero que a la postre han visto alteradas sus líneas estratégicas de desarrollo y planes de acción.

Un informe publicado recientemente en EE. UU pone el acento en que el 92% de los encuestados encontraron información de salud útil en su última conexión a Internet, y que para el 41% de dicho colectivo la información encontrada en la red resultó determinante para decidirse a consultar con su médico tanto desde el punto de vista diagnóstico como terapéutico, así como para orientar todas sus dudas respecto de su proceso o enfermedad.

Pero la red no solo nos ofrece capacidad de información bidireccional, sino que nos aporta el canal por el que fluye un ingente número de datos que pueden ser de gran utilidad para la toma de decisiones. El presente y por supuesto el futuro nos acerca a un nuevo reto, el de la gestión de los datos que permitan establecer conclusiones válidas, modelos predictivos acertados y pautas de actuación que nos faciliten el hecho de ser más específicos a la hora de conseguir nuestros objetivos como organización, como empresa o simplemente como individuos o colectivos con capacidad de capilarizar hacia una sociedad cada vez más informada, formada y exigente.

Big data en salud

Hoy en día, los datos procesados, gestionados, analizados y presentados de una forma adecuada para su explotación suponen un nuevo reto de desarrollo disruptivo consustancial con nuestro tiempo. El “Big Data”, el fenómeno del “Data Science” o el “Business Intelligence” con el soporte del “cloud computing” sin duda son herramientas que van a predominar en el proceso de toma de decisiones. Especialmente aquellos que sean capaces de ofrecer de forma específica este servicio van a ser quienes dispongan de la llave que despeje la incógnita del futuro. Es por ello que el científico de datos es ya un experto indispensable en el ámbito de la salud puesto que aúna habilidades y experiencia en sistemas computacionales además de una pátina de pensamiento creativo más que indispensable con el objetivo fundamental de generar soluciones eficientes altamente especializadas y específicas que contribuyan a mejorar los resultados de salud alcanzados.

Cuando nos referimos al “Big Data” según la guía de – Amazon Web Service – estamos hablando de un volumen ingente de datos que van desde los Terabytes a los Zettabytes, es decir una cantidad muy elevada de información que no puede ser almacenada en bases de datos tradicionales, que precisan servidores específicos y que han de analizarse mediante aplicaciones especiales por personal altamente cualificado. El “Big Data” es el sustrato con el que desarrolla la tarea del científico de datos y está suponiendo ya un auténtico paso adelante en el frondoso árbol de toma de decisiones, lo que los anglosajones denominan un “strategic breakthrough”.

En definitiva y en términos sociales es imposible poner puertas al campo y debemos aceptar el hecho de que internet constituye uno de los hitos más importantes de los últimos años, probablemente junto al descubrimiento del genoma humano y las nuevas técnicas de diagnóstico por imagen es el avance científico más relevante en el ámbito de la salud.

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El gran reto que afrontan las tecnologías digitales (TIC) en nuestro sector está en cambiar una cultura, un modo de hacer las cosas haciendo comprender que estos nuevos elementos tecnológicos y otros relacionados con la e-health o salud digital, la u-health o salud ubícua, la impresión en 3D, la inteligencia artificial, la nanotecnología o la gamificación etc… pueden ayudar al profesional sanitario, al gestor y al paciente, teniendo en cuenta que aunque estamos inmersos en una auténtica revolución, hay muchos sectores de la población que no todavía tienen suficiente información para apreciar el valor añadido que pueden aportarles los nuevos avances tecnológicos en términos de eficiencia, efectividad, confort, salud y bienestar.

En su conjunto las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) juegan y jugarán un papel determinante en las organizaciones sanitarias. Además de mejorar la calidad asistencial aportan valor en la seguridad del paciente, suponen un ahorro en el consumo de recursos sanitarios con reducción de la variabilidad clínica, evitan morbilidades asociadas a tratamientos interpuestos y mejoran la asistencia mediante una medicina basada en la evidencia científica y el análisis masivo de datos para la toma de decisiones adecuadas en cada caso entre otras muchas ventajas.

Por todo ello, es hora de desarrollar plenamente una medicina personalizada, traslacional donde cada individuo sea tratado de una forma específica con la ayuda del amplio abanico que ya hoy nos ofrece el desarrollo digital en red en base a toda la información disponible y la experiencia acumulada por los diferentes entornos relacionados con el cuidado de la salud en su más amplio espectro.

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