Estamos en la estación más propicia del año para recoger un sinfín de frutos secos del campo, nueces, castañas, almendras, avellanas, anacardos, bellotas… son algunos de estos productos populares de los que podemos disfrutar especialmente en estas fechas. Todos ellos poseen una infinidad de propiedades nutricionales que los hacen óptimos para el cuidado de nuestra salud y procurarnos sensaciones de bienestar y por qué no de placer a la hora de degustarlos. Pensemos que con muchos de ellos estamos aportando a nuestro organismos vitaminas del tipo complejo B, E, magnesio, minerales, antioxidantes, abundante fibra y ácidos grasos omega 3, excelente para regular nuestros niveles de colesterol.

 

Pero si de entre ellos hay uno que destaca esas son sin duda las castañas, típicas de otoño, propias de una estación que nos invita a disfrutar de la naturaleza en toda su plenitud y esplendor, de salir al campo a contemplar la extraordinaria diversidad de colores y matices de todas las especies vegetales que inundan nuestros campos.

Las castañas están presentes en nuestras calles, es típico encontrarse en el centro de muchas ciudades un sinfín de pequeños puestos rudimentarios donde se nos surte de este producto de una forma muy especial, la castaña asada, una delicia para el paladar, un deleite para nuestro organismo y por qué no, al alcance de todos.
shutterstock_103414901Las castañas son ricas en infinidad de nutrientes como vitaminas del grupo E, complejo vitamínico B y ácido fólico, además de contener altas dosis de minerales como el calcio, el fósforo, el hierro o el potasio, también poseen hidratos de carbono que nos aportan de energía. Contiene pocas calorías debido a que su contenido en ácidos grasos esenciales y proteínas es relativamente bajo.

Con estas peculiaridades a quién no le apetece un buen cucurucho de papel repleto de castañas que compartir, con ese olor tan característico que inmediatamente identificamos y que nos aproxima a este periodo del año que sin duda es uno de los más agradecidos del año aunque se identifique con el fin de las vacaciones y las postrimerías del frío invierno.

Para finalizar una curiosidad más, la castaña dulce fue introducida en Europa desde Sardis, en Asia Menor; el fruto fue entonces llamado “nuez sardiana”. Este fruto seco se constituyó como un alimento básico en el sur de Europa, Turquía y el suroeste y este de Asia durante miles de años, en sustitución de gran parte de los cereales, cuando éstos no crecían bien. Es en las zonas montañosas del Mediterráneo donde su consumo está hoy en día más arraigado, en particular en Córcega donde se usa todavía su harina como base de unos cuantos platos típicos tradicionales, como, por ejemplo, la pulenda (no confundir con la polenta que es una especie de sémola de maíz de origen italiano).

Las castañas se pueden comer crudas, hervidas, asadas o dulces, en cualquiera de sus formas resultan apetecibles, pero sin duda que en nuestras calles quien sigue manteniendo el cetro y quien las ha conquistado sobremanera llegada “la tardó”, la caída de la hoja, y el sabor a otoño es sin duda la castaña asada, un capricho del paladar y un elemento nutritivo completo y más que apetecible.