El asma grave (severo) es un proceso inmunológico que afecta a las vías respiratorias inferiores provocando una intensa constricción, que o bien interfiere seriamente con las actividades cotidianas e implica un control exhaustivo y polimedicación, o cursa con episodios que ponen en peligro la vida (status asmático). Por primera vez las sociedades científicas implicadas, con la colaboración de Novartis, están desarrollando un proyecto de consenso sobre el manejo del asma grave en el paciente pediátrico que en breve verá la luz.

Los expertos aseguran que una educación sanitaria adecuada en el paciente pediátrico mejora el control del asma grave. En el marco de la XXXVI edición del Congreso de la de la Sociedad Española de Neumología Pediátrica (SENP), Novartis ha organizado un simposio sobre los ‘Avances en el abordaje del asma grave infantil’ que ha tenido como objetivo la actualización de los conocimientos sobre los avances terapéuticos de la patología, así como incidir en la importancia de un buen control del paciente pediátrico.

Según el Dr. Manuel Sánchez-Solis, Presidente de la SENP “esta iniciativa tiene como objetivo actualizar los principales conocimientos del asma grave en el paciente infantil, y aportar a los profesionales sanitarios nuevas opciones terapéuticas para mejorar la salud de estos pacientes”.

El Dr. Francisco Javier Pérez Frías, Catedrático de Pediatría de la Universidad de Málaga, Unidad de Neumología Infantil y Fibrosis Quística del Hospital Regional Universitario de Málaga puso de relieve que “todos los especialistas implicados en el manejo del asma en el niño, coincidimos en que nuestro reto es lograr un enfoque adecuado del tratamiento y conseguir así, un control sobre el coste-eficacia de cada terapia”.

“El asma afecta entre un 5% y un 15% de la población infantil, de ellos, sólo un 5% podrían ser considerados como asma grave”

El asma es la enfermedad crónica más frecuente en los niños. En España, el asma afecta a cerca del 11% de los niños entre 6 y 7 años, a un 9% de los adolescentes entre 13 y 14 años y alrededor de un 5% de la población adulta.  En este sentido, el Dr. Pérez Frías ha comentado que “el asma afecta entre un 5% y un 15% de la población infantil, de ellos, sólo un 5% podrían ser considerados como asma grave”.

La sintomatología más frecuente se asocia con disnea intensa (sensación de ahogo o falta de aire), tos seca (a veces productiva), “pitidos” (sibilancias) al respirar, opresión en el tórax por la dificultad respiratoria asociada a la constricción de los bronquios (brocoespasmo), tiraje muscular, ansiedad y nerviosismo que empeoran aún más el cuadro clínico. Con frecuencia, los síntomas aparecen en reposo y comienzan o se agudizan por la noche.

El Dr. Javier Torres Borrego, de la Unidad de Neumología y Alergia Infantil del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba, explicó que “la mayoría de adolescentes y adultos asmáticos presentan asma desde la infancia, por ello, lo ideal sería conseguir una modificación de la historia natural del asma desde los primeros años de vida”. También  ha añadido que “es esencial que un niño tenga su asma controlada, por eso, es fundamental una educación sanitaria adecuada, ya que posibilita que el paciente y su entorno conozcan la enfermedad, mejoren su autonomía, el cumplimiento terapéutico y sepan qué hacer en cada situación.”

Además, para el paciente infantil, el asma grave controlada de forma inadecuada tiene un fuerte impacto en su rendimiento escolar, así como en su salud.  “Los pacientes con asma grave presentan una gran morbilidad y afectación de la calidad de vida, no sólo a nivel personal sino también familiar y social, lo que se asocia además  a importantes costes económicos-sanitarios, tanto directos como indirectos” ha explicado el Dr. Torres.

En estos casos severos, el uso de broncodilatadores de acción rápida o de rescate es fundamental, así como el uso de antiinflamatorios específicos y otras medidas urgentes. Es importante tener en cuenta que en pacientes con asma, es necesario acudir a urgencias cuando se comience a observar signos de cianosis por falta de oxígeno (uñas y/o labios grises o azules), dificultad para respirar al hablar (pausas al hablar) o caminar. Cuando la piel alrededor de las clavículas y entre las costillas se hunde con la inspiración y/o se mueven las alas de la nariz al ritmo de la respiración, o cuando haya respiración y/o pulso muy acelerados (más de 25 respiraciones y 120 pulsaciones por minuto respectivamente).