Nuestro sistema nacional de salud precisa de una reforma consensuada con todas las partes o grupos de interés que lo conforman e interactúan con él. Dicha reforma ha de ser nuclear, estructural, no coyuntural si es que queremos dotar de futuro y confianza a nuestro sistema y pretendemos que ese ciudadano o paciente empoderado encuentre de nuevo las características fundamentales relacionadas con el sistema que son la accesibilidad, la equidad y la cohesión, puesto que otros aspectos como la gratuidad de todo y para todos han de ser palancas de cambio que hay que articular y adaptar a los tiempos de máxima exigencia que vivimos.

La reforma necesaria tendría diez ejes que la articulan: el primero el de la revisión del catálogo de prestaciones, es paradójico que haya patologías menores que no entrañan riesgo para la vida, por no particularizar, y sin embargo haya problemas de financiación y acceso en casos en que sí que nos jugamos nuestra existencia, tal es el caso del cáncer, de la hepatitis C, de las enfermedades raras, de las vacunas frente a patologías potencialmente graves como la meningitis tipo B, la varicela o la enfermedad neumocócica, entre otras. Tampoco es comprensible en este apartado que financiemos todo y dejemos al descubierto buena parte del vasto campo de la atención sociosanitaria de nuestros mayores, que son los que más cuidados precisan.

shutterstock_156022646(1)Otro aspecto clave de reforma es el de actuar sobre la gobernanza del sistema. Es necesario cambiar los modos, usos y costumbres en relación con la gestión de los recursos humanos del sistema, aportando conceptos tan asumidos por la sociedad como la evaluación reconocida de objetivos y del desempeño en términos económicos y de desarrollo de carrera profesional. En el sistema del futuro, o mejor dicho del presente, han de estar todos los que tienen que estar por sus resultados y cualificación, gestionando los tiempos adecuadamente para atender a la demanda creciente que hay y que se nos viene encima.

Un tercer aspecto a reformar es el de la corresponsabilidad de los ciudadanos en la gestión de su propia salud, siendo perfectamente conscientes de que la teórica gratuidad no es tal y que todo lo que se usa se paga, y lo pagamos entre todos solidariamente, por ello es muy importante que seamos conscientes del gasto que generamos con nuestras decisiones en materia de salud.

Un cuarto elemento es el de la reforma y adecuación de las estructuras de nuestro sistema a la realidad demográfica actual y de futuro. No es apropiado que hospitales y centros de agudos y de corta estancia sean también los puntos de referencia a la hora de tratar y gestionar la cronicidad y el envejecimiento, precisamos sin duda de un número incremental de centros de media y larga estancia en que los que los procesos son mucho menos onerosos que en un hospital de agudos como son la mayoría de los que disponemos actualmente.

En quinto lugar emerge un elemento que genera un debate estéril que se ha politizado de una forma interesada, una reforma que se precie debe girar en torno a la utilización eficiente y efectiva de todos los recursos disponibles, vengan de donde vengan, sean públicos o privados, gestionados de una forma sinérgica de tal forma que aprovechemos toda la capacidad instalada. En este sentido hemos de evitar apriorismos dogmáticos, más o menos demagógicos que a nada bueno nos conducen y fomentar los fenómenos de colaboración público-privada en sus versiones tradicionales y también explorar formas novedosas de colaboración que tengan como marchamo básico el de la calidad reconocida y acreditada.

En sexto lugar, y no por ello menos importante, la interoperabilidad de los sistemas público y privado. Este aspecto es nuclear, fundamental, ya que además de evitar duplicidades y gastos redundantes palia en cierta medida la variabilidad y hace que el paciente empoderado, co-responsable de su propia salud, propietario de todos sus datos e historial clínico pueda circular libremente entre sistemas, transitando entre el entorno público de asistencia sanitaria y el privado de una forma libre y sin cortapisas.

La llegada de la e-Health

El punto número siete hace referencia al hecho de que es fundamental dotar al nuevo sistema de las herramientas tecnológicas que hoy por hoy ya están disponibles, me refiero a todo lo relacionado con la salud digital, e-Health, m-Health, u-Health, es decir la tecnología más rampante y disruptiva al servicio de la salud, la eficiencia y la efectividad de la práctica clínica y su gestión. El uso de la telemedicina, la teleasistencia, la telerehabilitación, el manejo de los pacientes crónicos a distancia (desde el domicilio o desde la consulta de atención primaria en contacto directo, “online”, con el especialista), la segunda opinión por vía telemática, el uso de los “wearables” de monitorización de constantes, el fenómeno de la “gamificación” desde el punto de vista de la educación para la salud y la prevención, la historia clínica electrónica interconectada y ensamblada entre sistemas y entornos geográficos, la receta electrónica que permite un seguimiento del paciente crónico en materia de cumplimiento “compliance” y adherencia terapéutica, la cita médica “online”, etc… son todos ellos elementos que hemos de incorporar de rutina a nuestro nuevo sistema sanitario español. Hoy en día, si queremos ser de verdad eficiente, no podemos vivir de espaldas a las grandes ventajas y beneficios que nos ofrecen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

shutterstock_218668606En octavo lugar y para disponer de un sistema sanitario “engrasado” y competitivo se hace necesario que el profesional y el centro sanitario tenga desde el punto de vista de idiosincrasia, introyectado en su cultura, la misión de ser un punto de referencia para el ciudadano no solo en materia médico—quirúrgica, sino también y de forma muy especial en dos entornos clave, la educación sanitaria vinculada a la prevención y el consejo psicosocial necesario. No hemos de olvidar que buena parte de las patologías que nos afectan y en algunos casos abruman tienen un componente psicosomático destacado y si dedicamos tiempo y somos capaces de identificarlo seguro que seremos muchos más eficaces, efectivos y eficientes en nuestra práctica clínica.

El punto número nueve hace referencia a la necesidad de impulsar y proyectar prácticas saludables entre la población. Se echan de menos campañas dirigidas a la prevención de patologías de alta prevalencia que generan un enorme gasto sanitario, me refiero a la obesidad y su asociación con el síndrome metabólico, la diabetes tipo 2 y el riesgo cardiovascular; el sedentarismo dentro del mismo contexto; el tabaco en relación a los diferentes tipos de cánceres que son capaces de inducir; la vacunación del adulto como forma de prevenir patologías infecciosas prevalentes; el ejercicio o la propia alimentación saludable; el no consumo de alcohol y drogas entre otras muchas. El ciudadano, el paciente debe ostentar siempre nuestro punto de atención y no solo cuando está enfermo, sino cuando todavía no ha enfermado pero tiene ya prácticas y hábitos de riesgo.

Por último y no por ello menos importante, un moderno sistema de salud que se precie y que pretenda ser solvente, sostenible, solidario y competitivo debe apostar por la I+D y la innovación junto a la gestión del conocimiento en red. No puede ser dependiente de un “cuidador” asimilado a las patentes que nos vienen del exterior. España es un país de innovación y así lo ha demostrado tantas y tantas veces y la salud no está al margen de este fenómeno. No puede ser que nuestros mejores profesionales estén pensando en marcharse a otros “caladeros”, hemos de ser capaces de retener el talento con la incentivación adecuada que merece. Solo así seremos polo de atracción y de referencia en materia sanitaria frente al mundo. España además del turismo, de la gastronomía, de la moda, debe ser referente en materia de salud convirtiéndose en espejo para el mundo.

Y en estos diez puntos básicos, clave, el ciudadano, la sociedad, el paciente empoderado ha de ser nuestro referente, ha de estar siempre en nuestra mente, en nuestras estrategias, en nuestros planes de acción, en nuestros objetivos y resultados. Solo si es así, si le dotamos de lo mejor, que no tiene por qué ser lo más caro y lo hacemos protagonista real del cuidado de su propia salud, conseguiremos en un plazo razonable de tiempo ocupar el espacio que merecemos en el concierto mundial de la salud. Un reto que nos implica a todos y que con la suma de todos es como daremos valor de verdad a nuestra sanidad y a nuestro sistema. Las nuevas generaciones, todos, lo merecemos.es, pero también plena de oportunidades si es que sabemos identificarlas y aprovecharlas .


Fernando Mugarza

Dr. Fernando Mugarza

Soy médico (doctor en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid), Médico de Familia y algunas cosas más relacionadas con la comunicación y la empresa. Me gustan cuatro cosas en las que me vuelco, mi familia, mis amigos, un buen viaje a cualquier lugar y una buena mesa, eso sí, con tertulia incluida… ¡Ah!, me encanta escribir, la comunicación y montar en bici. Me apasiona mi tierra, Aragón, cualquier día nos vemos por Pirineos caminando por esos vericuetos cargados de historia y leyenda.