La disfunción eréctil es un problema más extendido de lo que parece y normalmente no supone un hecho puntual, sino que más bien representa un síntoma que probablemente se va a cronificar en el tiempo, puesto que en bastantes ocasiones manifiesta una interdependencia evidente con otras patologías tanto de orden físico, especialmente cardiovasculares como de carácter psicológico.

El estereotipo descrito por los expertos suele ser el de un varón de mediana edad, que puede sufrir de hipertensión, obesidad, con un perímetro abdominal elevado, que practica escaso ejercicio y su vida es más bien sedentaria, que puede presentar cifras de colesterol elevadas y quizás padezca de diabetes tipo dos y puede tener hábito tabáquico y quizás con un consumo de alcohol elevado. Este es el perfil más extendido y se le suele relacionar con el denominado síndrome metabólico. Algunos especialistas advierten que la disfunción eréctil puede ser un síntoma que anuncie la presencia de una enfermedad cardiovascular subyacente.

En dependencia de que se padezcan todos los factores clínicos descritos o no así será la probabilidad de desarrollar una disfunción eréctil, aunque desde luego con dos o más elementos las probabilidades se incrementan notablemente aseguran los especialistas en esta materia.

shutterstock_87147919Se debe diferenciar la disfunción de tipo orgánico y la de tipo situacional, que es la más frecuente. Las disfunciones de tipo situacional se producen sin que intervenga ninguna causa física o patología orgánica; las disfunciones orgánicas son las que se deben a causas físicas o patologías orgánicas casi siempre con una afectación vascular (Signos y síntomas asociados o derivados del síndrome metabólico, trastornos hormonales…). De todos es sabido que también hay fármacos que pueden presentar la disfunción como efecto secundario, tal es el caso de algunos antihipertensivos, determinados antidepresivos y ciertos betabloqueantes entre otros.

Otra causa física evidente es la hipertrofía benigna de próstata (especialmente si se ha intervenido quirúrgicamente), también hay otras causas físicas locales como los traumatismos medulares o vertebrales, la cirugía testicular u otras intervenciones de carácter urológico, así como la torsión del pene o la enfermedad de “Peyronie”.

Por último los expertos apuntan a que los trastornos o alteraciones situacionales psicológicas pueden favorecer sin duda la aparición de este proceso (disfunción eréctil psicosomática). Al final, es este un proceso mixto, puesto que la disfunción inicial genera preocupación, ansiedad, estrés y agobio que a su vez retroalimenta el circuito de la propia disfunción.

Los especialistas afirman que no hay ningún estilo de vida especial, ni por supuesto la edad, que predisponga más o menos a padecer una disfunción eréctil, por ello evitar comidas y dietas que predispongan a la obesidad, a la hipercolesterolemia además de no consumir alcohol ni tabaco, todo ello conjugado con una rutina de ejercicio físico adecuado y personalizado, es la forma más eficiente de paliar la aparición de esta patología que genera tanto estrés y preocupación no solo en el hombre sino en la pareja.

Ni que decir tiene que se han de evitar los preparados hormonales que también pueden provocar esta sintomatología y consultar al médico en el caso de tomar otros fármacos que puedan desencadenar la disfunción como efecto secundario asociado.

En resumen la máxima es, cambiar los hábitos de vida que afectan a la salud nuestro aparato cardiovascular: no fumar, ser moderados con el consumo de alcohol y de grasas (particularmente las grasas saturadas), hacer algo de ejercicio y aprender a relajarse.

En cualquier caso y ante el primer aviso lo mejor es acudir a un especialista para que haga el diagnóstico correcto e interponga el tratamiento más adecuado a cada caso evitando de esta forma la ansiedad y el agobio que genera la duda.