Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la prevención primaria es solo para la edad infantil y eso no es así, de hecho este es un fenómeno cultural que poco a poco hemos de ir contribuyendo a cambiar entre todos.

Bajo un punto de vista biológico, la vacunación del adulto resulta incluso más sencilla que la del niño, pues el adulto cuenta con un sistema inmunitario maduro, que garantiza una mejor respuesta que la que ocurre en muchos sujetos pediátricos; por ejemplo, no existe el inconveniente de la transmisión transplacentaria de anticuerpos, que puede interferir o modular la respuesta a la inmunización.

Además el adulto entiende mejor que el niño la necesidad de que se le aplique una vacuna. De hecho, los adultos están expuestos a ciertos riesgos como los laborales o los relacionados con la actividad sexual, que pueden propiciar enfermedades prevenibles a través de la vacunación

Patologías infecciosas como la difteria o el tétanos, son enfermedades que pueden y deben prevenirse en el adulto, al igual que otras como la hepatitis B, la hepatitis A en los casos improbables en los que no haya habido contacto con el virus o la propia vacuna del herpes zóster, el neumococo, la gripe, la vacuna frente al hemophilus influenzae tipo B, o la triple vírica entre otras.

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Además de las vacunas mencionadas, de todos es sabido que hay otras que deben ser aplicadas en grupos especiales de población, como la vacuna de la Fiebre Q en personas que tengan contacto con ganado y veterinarios y existen vacunas que los viajeros deben aplicarse al trasladarse a distintas regiones del mundo, por ejemplo la vacuna contra la fiebre amarilla a personas que van a África, sudeste asiático y América del Sur, la vacuna de encefalitis japonesa para quienes van a Lejano Oriente (China, Japón, Tailandia), la de hepatitis A para quienes visitan México, Centroamérica y/o Sudamérica, la vacuna contra el meningococo a quienes van a la zona Sub-Sahariana y la vacuna contra el cólera para quienes viajan a Asia, África, América Latina e India.

Como ejemplo específico y centrándonos en la vacuna frente al virus del herpes zoster, se calcula que esta patología infecciosa afecta alrededor del 20% de la población, siendo factores de riesgo además de la edad y el estado inmunológico el estrés, la exposición a inmunotoxinas y los traumatismos.

Según las estadísticas, una de cada cuatro personas desarrollará un Herpes Zóster en su vida, y el riesgo y su gravedad aumenta considerablemente a partir de los 50 años, ocurriendo 2/3 de los casos en personas mayores, un dato importante es que el 90 % de los casos de Herpes Zoster ocurre en individuos inmunocompetentes. El proceso es de sobras conocido tanto en cuanto a su significación clínica, como en lo relacionado a su diagnóstico y tratamiento, quizás no lo sea tanto el hecho de que hoy en día la investigación ha puesto una vacuna que puede minimizar el impacto económico y social de esta enfermedad.

Tal es así, que el Comité de Asesoría sobre Prácticas de Inmunización (United States Advisory Committee on Immunization Practices [ACIP por sus siglas en inglés]) de los Estados Unidos, ha recomendado que los adultos mayores de 60 años reciban la vacuna contra el herpes zóster como parte de los cuidados médicos de rutina.

En nuestro país la presentación de un trabajo reciente de consenso sobre esta enfermedad, puso encima de la mesa la importancia de dispensar “lo antes posible” esta vacuna, debido a que con el progresivo envejecimiento de la población, la prevalencia de esta enfermedad aumentará, lo que consumirá una gran cantidad de recursos en el sistema sanitario. Además, como la vida laboral se alargará en el futuro, el herpes zoster se podría convertir en una patología invalidante, aunque sea de forma temporal.

Ante esta evidencia una buena noticia, la farmacéutica Sanofi Pasteur MSD ha anunciado el lanzamiento en España de la primera vacuna para prevenir el herpes zóster y su principal complicación, la neuralgia post-herpética (NPH). Ya se puede adquirir en oficinas de farmacia aunque, de momento, no cuenta con financiación pública.

Desde un punto de vista global, apuntan los expertos que las carencias evidentes en la vacunación de adultos, pueden hacer que las patologías cubiertas por las mismas puedan sufrir un rebrote en el futuro, lo cual puede generar un problema evidente de Salud Pública con los problemas asociados que eso implicaría en términos de morbilidad, y de gasto incremental asociado, tanto en el medio como en el largo plazo.