Joaquín Gerard decidió empezar 2014 con una aventura que cambiaría su forma de ver la vida. Aparcó temporalmente su carrera en comercio exterior, dejó su Gijón del alma y se fue a Senegal para trabajar con la ONG Hahatay, son risas de Gandiol, durante seis meses.

 

En 2012 viajó por primera vez a Senegal, para visitar a un amigo que vive allí, y le atrapó su cultura y el cariño de su gente, la “famosa teranga senegalesca”. Así que decidió volver para ayudar: buscó una ONG que trabajase en el país, con proyectos interesantes pero no de gran envergadura.

Hahatay, son risas de Gandiol fue creada en 2012 por Mamadou Dia, un senegalés que llegó a España en cayuco en 2006, y promueve la cooperación entre ambos países, con proyectos de desarrollo sostenible en su región (como un centro de orientación juvenil o una cooperativa avícola). Joaquín señala que Senega no resulta un país complicado en cuanto a trámites y preparativos sanitarios: la vacuna de la fiebre amarilla es obligatoria y, para periodos de larga duración en zonas rurales se recomiendan la hepatitis y el refuerzo del tétanos, como fue su caso. Sin embargo, destaca que es fundamental mentalizarse bien antes de empezar una aventura de este tipo. Confiesa que los primeros días en el país fueron muy duros, por el cambio radical, y a punto estuvo de abandonar; pero pronto se adaptó y empezó a descubrir todo lo que esta experiencia le iba a aportar.

joaquin4

Joaquín Gerard en Senegal.

“Es fundamental mentalizarse bien antes de empezar una aventura de este tipo, los primeros días fueron muy duros, por el cambio radical, y a punto estuve de abandonar”

En su día a día en Senegal destaca “la enorme importancia de la mosquitera para dormir: para evitar el contagio por picadura y también por pura tranquilidad”. Al principio cumplió a rajatabla las medidas preventivas: ropa cómoda, repelente de mosquitos… pero, como suele pasar en estos casos, una vez que su cuerpo se adaptó al medio, empezó a adoptar medidas más locales. Su estómago fuerte le permitió no tener que preocuparse mucho por la comida, aunque sí prefirió beber agua embotellada durante toda su estancia (salvo para hechos puntuales, como lavarse los dientes).

Por suerte, no sufrió ninguna enfermedad durante sus meses allí, ni conoció ningún caso cercano, aunque destaca que el desconocimiento es alto: “En las zonas rurales, donde Hahatay trabaja, la gente fallece y no se preguntan por qué; es difícil determinar las causas”. También señala la pésima asistencia sanitaria que existe en esas zonas rurales, sólo abastecidas por pequeños dispensarios semi abandonados. En las ciudades existen hospitales, pero muy básicos, donde la comida y la ropa corren a cargo del propio paciente y los tratamientos se pagan por adelantado.

“En las zonas rurales, donde Hahatay trabaja, la gente fallece y no se preguntan por qué; es difícil determinar las causas”

joaquin3Ya de vuelta, Joaquín valora su temporada en Senegal como una de las experiencias más enriquecedoras de su vida: “aunque suene a tópico, te cambia. Aprendes a ver las cosas de otra forma y a valorarlas mucho más, y también cambia tu percepción del tiempo”. Concibe África como un conjunto de realidades muy diferentes, que deben ser tratadas por separado. Valora Senegal como un país prometedor y estable, aunque reconoce que queda mucho por hacer para paliar las desigualdades y la pobreza extrema.

Joaquín sigue colaborando con Hahatay desde aquí, llevando la comunicación y los asuntos de voluntariado: “existen distintos tipos de voluntariado y todos aportan algo. Organizamos tanto campamentos de pocos días en vacaciones, como estancias más largas”.

Sabe que estará ligado a Gandiol de por vida, y está animado a repetir con alguna actividad parecida, porque “el que es voluntario por largo tiempo, nunca deja de serlo”.

Toda la información de la ONG en Senegal con la que colabora Joaquín, aquí.