El patrón alimentario equilibrado es esencial y debe compartirse por todos los miembros de la familia, pero es fundamental recordar que en cada etapa vital las necesidades nutricionales son distintas. Así “un niño, un adolescente, un adulto, un anciano, una mujer embarazada o una que esté lactando,  no tienen las mismas necesidades  de energía y proteínas, sin embargo con una base común alimentaria se pueden adaptar en el día a día la alimentación para cada uno de los miembros de la familia”, asegura la doctora Julia Álvarez, coordinadora del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición.

Según asegura la doctora Assumpta Caixás, coordinadora del Grupo de Trabajo de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, “en torno al 26% de los niños entre 6 y 18 años sufre exceso de peso, (13% obesidad y 13% sobrepeso)”.

Para combatir esta situación es necesario tomar una serie de medidas de mejora de la alimentación en general, mejora de las costumbres, los horarios y las rutinas; entre ellas por ejemplo es importante que “los padres coman lo mismo que los niños. Cambiarán las raciones o en ocasiones la elaboración de un alimento en un determinado menú cuando los niños son muy pequeños, pero en líneas generales deberían comer lo mismo”, explica la doctora Álvarez.

Las necesidades energéticas dependen de la edad, el sexo, el peso y la talla de cada individuo. Esta tabla que incluímos lo explica.

graficaSegún la OMS el adulto varón activo entre 18 y 60 años necesita unas 2800 kcal y si es mayor de 60 años en torno a las 2000 kcal, por su parte, las mujeres activas necesitan unas 2000 kcal; aumentando las necesidades  a 2400 kcal durante el embarazo, 2700 kcal durante la lactancia y si son mayores de 60 años las necesidades disminuyen.

“Conviene recordar que si bien estas son las recomendaciones generales hay que adaptarlas a cada individuo y situación clínica, por ejemplo, las personas con sobrepeso y obesidad deberán reducir estas propuestas para poder perder peso y recordar que a medida que aumenta la edad las necesidades de energía se reducen”, explica la doctora Álvarez.

-Cada vez se come más fuera de casa

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En opinión de la coordinadora del Área de Nutrición de la SEEN, los padres, educadores y personal sanitario tienen una gran responsabilidad en la educación de los niños. “Debemos conseguir convencer con el ejemplo, para que los hábitos alimentarios que se adquieren en la infancia sean permanentes a lo largo de la vida del individuo, no podemos olvidar que los niños desde pequeños son grandes imitadores y por eso es esencial comer en familia con patrones saludables compartidos por todos los miembros de la familia. Si acostumbramos los niños a apreciar las virtudes de tomar por ejemplo un desayuno con leche, pan con aceite y tomate y fruta o zumo natural, cuando esos niños sean mayores habrán aprendido a valorarlo y no les costará tanto trabajo hacerse un zumo natural en vez de comprar uno envasado”.

“Nuestro famoso patrón de Dieta Mediterránea no sólo reivindica la toma equilibrada de determinados alimentos como cereales, frutas, verduras, pescados especialmente azul, legumbres, frutos secos, aceite de oliva y pequeñas cantidades de vino  tinto, sino que establece la necesidad de compartir la comida respetando un tiempo para ello.

En mi opinión este aspecto sociológico de la alimentación también es terapéutico y clave junto con la calidad de los alimentos en los efectos saludables de la dieta mediterránea que no debemos dejar de observar,” matiza esta experta. Un concepto que choca frontalmente con el hábito, cada vez más extendido, del uso de comida precocinada o preelaborada, en vez de dedicar tiempo a la cocina y a elaborar un plato de manera tradicional. Diversos estudios, ya clásicos, muestran, además, que el hábito de comer fuera de casa ha crecido de forma llamativa siendo especialmente elevada la visita a locales de comida rápida.

“No se trata de demonizar la comida rápida, pero tampoco conviene relajarse de modo que esta forme parte de nuestros hábitos rutinarios, es ahí donde reside el peligro de la adopción de malos hábitos alimentarios para nuestros escolares y adolescentes. Cada vez son más los centros de comida rápida que introducen menús, que podríamos llamar más saludables, y es ahí donde deberemos incidir,  en enseñar y entrenar a los menores para aprender a elegir”, concluye la doctora Álvarez.