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Alzheimer, un proceso asociado al envejecimiento de la población

Alzheimer, un proceso asociado al envejecimiento de la población

La enfermedad de Alzheimer es un proceso que avanza inexorablemente en nuestra sociedad conforme se va prolongando la esperanza de vida. Es una de las consecuencias de la denominada geriatrización, y aunque se observan patrones genéticos su causa no está todavía clara.

Fue en 1901 cuando el psiquiatra alemán Alois Alzheimer identificó el primer caso de lo que se conoce hoy como enfermedad de Alzheimer, en una mujer de cincuenta años de edad, a quien llamó “Auguste D”. El investigador hizo seguimiento de su paciente hasta su muerte en 1906, momento en que por primera vez reportó el caso públicamente.

La enfermedad de Alzheimer (EA) es una enfermedad neurodegenerativa caracterizada clínicamente por trastornos progresivos de las funciones cognitivas, especialmente la memoria en fases iniciales, de la conducta y de la autonomía personal. Las lesiones histopatológicas típicas de la EA son los depósitos en corteza cerebral y sustancia gris subcortical de péptido β-amiloide (placas seniles neuríticas extracelulares) y de proteína tau (ovillos neurofibrilares intraneuronales), pero la causa principal del cuadro de demencia permanece desconocida  pero se basa en la pérdida difusa de sinapsis y de neuronas.

shutterstock_115798375La mayoría de los casos se dan en personas mayores de 60 años y la incidencia de la EA aumenta con la edad, se estima que el 24% de la población mayor de 85 años padece esta enfermedad, siendo más frecuente en el sexo femenino. Se distinguen tres fases clínicas en la EA, el estadio precoz, con trastornos cognitivos; estadio intermedio, con trastornos de conducta y defectos funcionales crecientes; y estadio grave, en el que la dependencia del paciente llega a ser completa.

Los síntomas tempranos del mal de Alzheimer pueden abarcar, dificultad para realizar tareas que exigen pensar un poco, pero que solían ser fáciles, perderse en rutas que son habituales, problemas del lenguaje, como tener dificultad para encontrar el nombre de objetos familiares, pérdida de interés en cosas que previamente disfrutaba, estado anímico indiferente, extravío de objetos, cambios de personalidad y pérdida de habilidades sociales.

A medida que el mal de Alzheimer empeora, los síntomas son más obvios e interfieren con la capacidad para cuidar de sí mismo, Los síntomas más frecuentes en esta fase son cambio en los patrones de sueño, despertar precoz, posibles delirios, depresión, agitación, dificultad para realizar tareas básicas, como preparar las comidas, escoger la ropa apropiada o conducir, dificultad para leer o escribir, olvido de detalles acerca de hechos cotidianos, olvido de hechos de la historia de su propia vida, perder la noción de quién es, incluso alucinaciones, discusiones, comportamiento violento y dar golpes, deficiente capacidad de discernimiento y pérdida de la capacidad para reconocer el peligro, uso de palabras erróneas, no pronunciar las palabras correctamente, hablar con frases confusas, retracción en el contacto social.

Las personas con mal de Alzheimer avanzado ya no pueden entender el lenguaje, reconocer a los miembros de la familia, llevar a cabo actividades básicas de la vida diaria, como comer, vestirse y bañarse. Otros síntomas que pueden presentarse con el mal de Alzheimer son la incontinencia y los problemas para deglutir.

Epidemiológicamente podemos afirmar que la incidencia en estudios de cohortes, muestra tasas entre 10 y 15 nuevos casos cada mil personas al año para la aparición de cualquier forma de demencia y entre 5 – 8 para la aparición del alzhéimer. Aproximadamente 26 millones de personas afectadas en todo el mundo, de las cuales más de la mitad corresponden a siete de los mayores países occidentales, EEUU, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España. La tasa media actual de diagnóstico en estos países es sólo del 56,5% y de ellos tan solo el 63% de los casos diagnosticados recibe tratamiento. Se estima que el número de enfermos de EA se triplicará para el año 2050, este incremento progresivo de la prevalencia se debe al aumento de la esperanza de vida y la mejora de la asistencia sanitaria y de las técnicas de diagnóstico.

Los modestos efectos terapéuticos de los medicamentos actualmente registrados para la EA, son apreciables sólo durante un corto periodo de tiempo, transcurridos pocos meses, el curso progresivo de la enfermedad retorna de nuevo. Este fenómeno es indicativo de que la acción de estos fármacos es fundamentalmente sintomática ya que afecta sólo a un aspecto del proceso degenerativo: el trastorno en algún sistema neurotransmisor, pero sin resolver o corregir sus determinantes fisiopatológicos principales.

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