Estamos de nuevo con el estrés a cuestas, cada día surgen nuevas informaciones acerca de la importancia del equilibrio emocional para mantener una salud “de roble” y la medicina psicosomática cada vez ocupa un lugar más importante en la medicina actual. Desde los tiempos en que los signos y síntomas constituían el fundamento de la terapéutica, mucho se ha avanzado y hoy en día con cada vez más frecuencia aparecen artículos en revistas científicas de prestigio incidiendo en la importancia de la psique en la génesis de buena parte de las alteraciones que sufre el ser humano.

Hoy le toca el turno al estrés recurrente como generador de patologías orgánicas que pueden afectar a múltiples aparatos y sistemas. Desde México se nos alerta sobre esta posibilidad y no solo eso, sino que además se insiste en la importancia de mantener a raya este fenómeno psicológico que a todos nos afecta en mayor o menor medida, especialmente en los días que vivimos y con la sociedad que nos rodea, creadora de grandes dosis de estrés

Teóricamente el estrés es un fenómeno que contribuye a reforzar el sentido de supervivencia del ser humano, puesto que nos predispone a situaciones de alerta frente a acontecimientos que pueden dañarnos de alguna forma. No es una situación que afecta solo a nuestro género, sino que los animales también tienen este mecanismo de defensa frente a posibles y potenciales situaciones exógenas de peligro. Ante ellas se produce un incremento de neurotransmisores adrenérgicos, es decir que interactúan con los receptores del mismo nombre estimulando al organismo a prever, prevenir y ponerse “en tensión” de cara a afrontar una situación que puede culminar con una serie de consecuencias muy desfavorables para la supervivencia.

El problema en el caso del ser humano es que tenemos tantos signos de alerta, no tanto físicos como psicológicos, que al final repercuten en nuestra salud y esta cadena repetitiva de “tensión” orgánica movida por neurotransmisores, termina por alterar la función de aparatos y sistemas imprescindibles que de otra forma no se hubieran visto afectados.

El estrés y su relación con nuestra forma de enfermar.

El estrés y su relación con nuestra forma de enfermar

Tal es así que cada vez más enfermedades y procesos de enfermar se ven asociados a nuestra “psique” y al estrés que soportamos a diario. Una situación de estrés intensa o repetitiva puede derivar en una resistencia a la insulina, una hipertensión, una dispepsia, una situación de asma, una migraña, una angina de pecho, una depresión, una úlcera gastroduodenal, una enfermedad autoinmune o un infarto agudo de miocardio entre otros procesos, resulta sorprendente como el estrés puede afectar a nuestra salud. Así lo propone Siegfried Milagro López, jefe de endocrinología en el Centro de Inmunología avanzada en el Hospital Ángeles Lomas de México.

El especialista afirma que por ejemplo “la diabetes tipo II es una enfermedad crónica causada por un desequilibrio sistémico”. El cuerpo se encuentra en un estado de homeostasis constante, en el que hay un equilibrio entre las variables del medio externo como el clima, la temperatura, la luz, la noche y los factores internos como la presión arterial, la frecuencia cardíaca, el rendimiento de diferentes órganos como el riñón, el hígado, el páncreas, el corazón o los pulmones entre otros”.

Cuando se produce un desequilibrio de la homeostasis y la angiostasis surge una alteración en los sistemas inmunes y de las hormonas y el cuerpo no puede adaptarse a ella, entonces es cuando se generan las enfermedades que hemos comentado u otras afines; por ejemplo en el caso de la diabetes tipo II, manifestándose este desequilibrio por una elevación de los niveles de glucosa en sangre (hiperglucemia), consecuencia de un déficit de secreción de insulina por el páncreas o por una resistencia a su acción a nivel celular.

Es muy complejo tratar de examinar una enfermedad, una patología, sin pensar en el mecanismo último e íntimo que la ocasionó. Al experimentar estrés, la homeostasis puede verse afectada, especialmente si la situación estresante es constante y no da tiempo a que el cuerpo se adapte recobrando su equilibrio, lo cual genera sin duda sufrimiento.

“La diabetes tipo II tiene componentes inmunológicos, genéticos y ambientales, es una enfermedad multifactorial, por lo tanto en las facultades de medicina ya no estamos enseñando la diabetes como una enfermedad, sino como un grupo de enfermedades caracterizadas por la elevación de la glucosa, lo que hace que los procesos inflamatorios e inmunes que afectan a los órganos terminan perjudicando la circulación, la visión o los riñones entre otras alteraciones”, explica el especialista.

Por esta razón, el jefe de endocrinología de la institución, destacó cómo un problema actual que los médicos se especialicen en pequeñas partes del cuerpo. El organismo es muy complejo, cohesionado y sinérgico y un estudio fragmentado del mismo, sin una concepción integral, puede motivar un diagnóstico erróneo y una terapéutica no exenta de carencias.

“El problema es el micro universo que genera la alta y específica especialización. Hoy, ciñéndonos a patologías como la diabetes tipo dos o del adulto, surge con fuerza la necesidad de constituir un equipo multidisciplinar compuesto por varios especialistas como neurólogos, endocrinólogos, urólogos, psicólogos, reumatólogos, oncólogos, otorrinolaringólogos, que analicen cada caso al mismo tiempo, para de esta forma lograr un mejor diagnóstico y tratamiento “, concluye el experto.

La medicina debe girar en torno al paciente y este debe ser observado y evaluado de una forma transversal e integrada por los diferentes especialistas involucrados en su enfermedad. No como hasta ahora, que en muchos casos, es el propio paciente el que va acudiendo de un especialista a otro según se va viendo afectado por diferentes signos y síntomas, pero de una forma disgregada, sin una cohesión lógica y sin las sinergias necesarias.