Durante los meses de verano y las vacaciones se da una tendencia general a abandonar las cotumbres y hábitos saludables sustituyéndolos por otros menos adecuados que pueden originar problemas cardiovasculares. Especialmente peligrosos son estos comportamientos cuando hablamos de pacientes anticoagulados con fibrilación auricular.

 

Las vacaciones suponen para muchos dejar a un lado la rutina y una serie de pautas esenciales para la salud, como hacer ejercicio y seguir fielmente los tratamientos. Por lo general, en los días de vacaciones suele aumentar la ingesta de alimentos con alto contenido de grasa y sal, siendo esta práctica responsable de problemas relacionados con enfermedades cardiovasculares, según advierte la Fundación Española del Corazón (FEC).

Precisamente, algunos de los factores de riesgo de la fibrilación auricular vienen derivados de problemas muy comunes entre la población adulta como la obesidad y la hipertensión arterial. De ahí la importancia de que los pacientes anticoagulados retomen después del verano el régimen de vida sana, basado en una alimentación equilibrada, ejercicio físico moderado de forma regular y controles adecuados para evitar sufrir complicaciones bien sea un ictus o un sangrado.

Como refuerzo a la campaña ¡Súmate al equipo 2-3! La anticoagulación siempre bajo control, Bayer recuerda la importancia de preguntar a su médico o enfermera cuando no consiga el buen control para informarse de alternativas terapéuticas, puesto que las alteraciones en el control del INR pueden aumentar el riesgo de padecer un ictus, la principal causa de muerte entre las mujeres y la tercera en varones.

El ictus es la principal causa de muerte entre las mujeres y la tercera en varones. 

En palabras del doctor Bartolomé Beltrán, miembro del Consejo Asesor del Ministerio de Sanidad: “Para una persona con fibrilación auricular no valvular que esté tomando un antagonista de la vitamina K, el INR debe estar entre 2 y 3. En caso de no ser así, el paciente estaría en riesgo de padecer complicaciones como el ictus o sangrado”.

Y es que durante las vacaciones, es posible que el paciente haya podido olvidarse de tomar el medicamento en algún momento. De hecho, un 9,3% de los pacientes anticoagulados reconoce que no siempre cumple estrictamente con el tratamiento anticoagulante, olvidando a veces la medicación prescrita, según advierte la Federación Española de Asociaciones de Anticoagulados (FEASAN). Además, cerca de un 40% de los pacientes no consigue un correcto control de su INR[1], y por lo tanto el tratamiento no ejerce su efecto deseado (prevenir el ictus).

evitar el ictus

Existen diferentes opciones terapéuticas, y por este motivo que el doctor Bartolomé Beltrán hace hincapié en el “correcto tratamiento preventivo” del paciente con anticoagulantes que ayuden a “prevenir o tratar enfermedades graves y situaciones que amenazan potencialmente la vida”, como la formación de trombos que puedan causar accidentes cerebrovasculares.

El médico es quien mejor puede informar sobre el tratamiento adecuado; sin embargo, es importante saber que existen básicamente dos tipos de anticoagulantes que pueden ser prescritos por un especialista. Según el doctor José Luis Palma, cardiólogo y vicepresidente de la Fundación Española del Corazón, “los tratamientos tradicionales que ejercen su acción anticoagulante de forma indirecta y cuyo efecto se debe monitorizar de forma periódica a través del control del INR, y aquellos otros anticoagulantes orales de acción directa que ejercen un efecto inhibidor sobre un factor clave de la coagulación y, que además, se toman a dosis fijas sin necesidad de controles periódicos”.

En España 800.000 personas reciben tratamiento anticoagulante

El tratamiento anticoagulante está indicado para pacientes que padecen una fibrilación auricular, que provoca que el ritmo cardíaco sufra un evidente descontrol con bruscas oscilaciones del pulso y favorece la formación de coágulos que pueden desprenderse y producir embolias a distancia (en el cerebro, en el riñón o en miembros inferiores).

En España, más de 800.000 personas reciben tratamiento anticoagulante. Pero esto no significa que estos pacientes conozcan los riesgos de no alcanzar los niveles adecuados o las alternativas que existen para asegurar un buen control.